Un equipo de científicos del Centro de Regulación Genómica (CRG) de Barcelona descubrió que el coral Oculina patagonica, una especie de coral duro del Mar Mediterráneo, posee una estrategia de alimentación dual que le permite adaptarse a ambientes extremos y sobrevivir a olas de calor marinas.
Los resultados fueron publicados en la revista Nature, y aportan nuevas claves sobre la resiliencia de especies marinas frente al cambio climático.
Alimentación dual: simbiosis y captura externa
La flexibilidad metabólica de Oculina patagonica se basa en su capacidad para obtener nutrientes de dos fuentes:
- Simbiosis con algas dinoflageladas: cuando las condiciones son óptimas, el coral se asocia con algas fotosintéticas
- Captura de partículas externas: en ambientes hostiles, puede alimentarse directamente de materia orgánica suspendida
Esta estrategia dual le permite mantenerse activo incluso en aguas turbias o profundas, donde la luz es escasa y otras especies colapsan.
“La capacidad de Oculina para vivir sin un socio fotosintético le permite colonizar zonas con poca luz o sedimentación intensa”, explicó el investigador Xavier Grau Bové, coautor del estudio.
De especie discreta a colonizadora resiliente
Aunque fue identificada por primera vez en el golfo de Génova en 1966, durante años se pensó que era una especie invasora del Atlántico. Investigaciones recientes confirmaron su origen mediterráneo y su presencia milenaria en poblaciones pequeñas.
El aumento de las temperaturas y el cambio en las condiciones ambientales favorecieron su expansión por zonas costeras poco profundas, donde las temperaturas oscilan entre 10 °C en invierno y más de 30 °C en verano.

Blanqueamiento reversible y supervivencia sin algas
A diferencia de otros corales pétreos, Oculina patagonica puede expulsar sus algas simbióticas cuando el agua supera los 29 °C, perdiendo su color en un proceso de blanqueamiento. Sin embargo, no muere: sobrevive hasta que las condiciones mejoran y puede reincorporar las algas.
Incluso existen poblaciones que viven completamente sin ellas, en cuevas o profundidades de 30 a 40 metros, donde la luz solar no alcanza.
“Cuando se documentó por primera vez en aguas levantinas, se pensó que no sobreviviría. Pero contra todo pronóstico, se estableció y sus poblaciones están creciendo”, señaló la doctora Shani Levy, primera autora del estudio.
Genética, evolución y comparación con corales tropicales
El equipo del CRG abordó la resistencia de Oculina desde una perspectiva genética y celular. Secuenciaron su genoma completo, analizaron miles de células individuales y elaboraron atlas celulares comparativos con corales tropicales dependientes de algas.
“Oculina es resistente porque no depende estrictamente de los productos fotosintéticos de las algas”, destacó el investigador Arnau Sebé Pedrós, autor principal del estudio.
El Mediterráneo como laboratorio climático natural
El Mar Mediterráneo, por ser un ecosistema semicerrado, presenta variaciones extremas de temperatura, salinidad y nutrientes, lo que lo convierte en un escenario ideal para estudiar la adaptación marina.
“Funciona como una prueba de estrés natural. Los organismos que viven aquí ya enfrentan fluctuaciones extremas, lo que nos da pistas sobre cómo podría evolucionar la vida marina bajo un calentamiento acelerado”, concluyó Levy.
¿Puede Oculina reemplazar a los arrecifes?
Aunque esta especie muestra una notable capacidad de adaptación, los científicos advierten que no es un coral constructor. Por lo tanto, no puede compensar la pérdida de los arrecifes tropicales, que cubren menos del 1 % del fondo oceánico, pero albergan una cuarta parte de todas las especies marinas.
“La mejor forma de ayudar a cualquier ecosistema marino será siempre evitar el calentamiento desde su origen”, subrayó Grau Bové.



