Aunque Costa Rica es reconocida globalmente por su liderazgo en conservación ambiental y su extensa red de áreas protegidas —que cubren más del 25 % del territorio nacional—, la situación de los loros silvestres revela una paradoja preocupante.
A pesar de los avances en protección de ecosistemas, estas aves continúan enfrentando presiones severas por la pérdida de hábitat, la expansión agrícola y, especialmente, el comercio ilegal de fauna silvestre.
Una tradición que pone en riesgo a las especies
En muchas comunidades rurales del país, tener loros como mascotas es una práctica cultural profundamente arraigada. Aunque esta costumbre suele estar motivada por el afecto hacia los animales, ha contribuido a la extracción sistemática de ejemplares de su entorno natural, incluso de especies amenazadas como los guacamayos y las amazonas.
Desde 1983, la tenencia de loros silvestres es ilegal en Costa Rica. Sin embargo, un reciente estudio liderado por la Estación Biológica de Doñana (CSIC), en colaboración con las universidades Miguel Hernández de Elche y Pablo de Olavide de Sevilla, revela que esta práctica persiste en más del 80 % de los hogares encuestados y en el 86,6 % de los municipios visitados.

Investigación a escala nacional: datos alarmantes
El equipo científico recorrió casi 2.000 kilómetros de carreteras en todo el país, realizando censos en 949 parches de hábitat y registrando más de 1.200 observaciones de especies nativas de loros.
Los resultados muestran una disminución significativa de la diversidad y abundancia en zonas agrícolas y urbanas, donde la transformación del paisaje ha reducido drásticamente sus posibilidades de supervivencia.
“Incluso en un país modelo en conservación, el comercio ilegal de fauna silvestre sigue siendo una amenaza crítica”, advirtió Pedro Romero, uno de los investigadores del estudio.
Más allá de las áreas protegidas: un enfoque integral
Los expertos coinciden en que la protección del hábitat no es suficiente. Aunque las áreas protegidas han sido clave para revertir décadas de deforestación, los loros requieren territorios amplios, conectividad ecológica y corredores biológicos para alimentarse, reproducirse y cumplir su rol como dispersores de semillas.
Además, la reinserción de aves decomisadas es compleja: muchas pierden habilidades esenciales para sobrevivir en libertad, lo que limita las posibilidades de recuperación poblacional.
Recomendaciones urgentes: cultura, ley y educación
El estudio hace un llamado a:
- Fortalecer la aplicación de la ley contra el comercio ilegal de fauna
- Impulsar campañas educativas que promuevan un cambio cultural profundo
- Reducir la demanda de mascotas silvestres mediante alternativas responsables
- Fomentar la conectividad ecológica entre áreas protegidas y hábitats fragmentados
“Incluso en países pioneros en políticas ambientales, como Costa Rica, las especies emblemáticas y los servicios ecológicos que prestan corren el riesgo de desaparecer si no se actúa con decisión”, advirtió José Luis Tella, coautor del estudio.



