Una nueva travesía científica recorre las profundidades del Mar Argentino. La expedición Ecos de dos Cañones, impulsada por investigadores del CONICET y del Servicio de Hidrografía Naval, se desarrolla a bordo del buque RV Falkor (too) del Schmidt Ocean Institute, en una zona clave: el sistema de cañones submarinos Almirante Brown, a unos 450 kilómetros de la costa de Rawson, Chubut.
Allí, entre laderas y valles del talud continental, se esconde el Agujero Azul, un ecosistema de belleza extraordinaria y gran fragilidad. Su exploración representa un paso decisivo para conocer la biodiversidad de los fondos oceánicos argentinos y reforzar los argumentos para su protección legal.
Durante la expedición, los científicos estudian la morfología submarina, toman muestras y analizan la interacción entre corrientes oceánicas y masas de agua. Este trabajo resulta esencial para entender cómo los cañones del fondo marino influyen en la productividad biológica y en el equilibrio de los ecosistemas del Atlántico Sur.
Las primeras imágenes capturadas por vehículos submarinos muestran un paisaje lleno de vida, pero también evidencias preocupantes de actividad humana: restos de basura y señales del impacto de la pesca de arrastre. Estas observaciones refuerzan la urgencia de conservar el área y frenar su deterioro.

El Agujero Azul: un tesoro en riesgo
El Agujero Azul es una depresión natural ubicada en la plataforma continental extendida, reconocida por su alta concentración de especies marinas, corales de aguas frías y comunidades bentónicas únicas. Su relevancia ecológica lo convierte en un verdadero refugio de biodiversidad para el Mar Argentino.
Sin embargo, su riqueza también lo vuelve vulnerable. Las flotas internacionales que operan en la zona acumulan más de 200.000 horas de pesca de arrastre al año, una práctica que destruye hábitats esenciales del fondo marino. Sin protección formal, esta presión amenaza con alterar de forma irreversible los ecosistemas que sostienen gran parte de la vida marina del Atlántico Sur.
El proyecto de ley para crear el Área Marina Protegida Bentónica Agujero Azul, que cubriría más de 148.000 km², busca revertir esta situación. La iniciativa, que perdió estado parlamentario en 2024, volverá a ser presentada con el respaldo de instituciones científicas y organizaciones ambientales que reclaman una acción urgente del Estado.

El fondo marino y su rol en el equilibrio del planeta
El lecho oceánico cumple funciones esenciales para la estabilidad ambiental global. Actúa como un gran regulador climático al almacenar carbono, mantener la temperatura del océano y sustentar una enorme red de vida microscópica que produce más de la mitad del oxígeno del planeta.
Además, el fondo marino es el origen de los nutrientes que alimentan las cadenas tróficas marinas, sosteniendo tanto la pesca artesanal como la biodiversidad costera. La alteración de estos ecosistemas, ya sea por contaminación o sobreexplotación, puede tener consecuencias directas sobre el clima, la seguridad alimentaria y la economía de las comunidades costeras.
Proteger estas zonas profundas no solo significa cuidar la vida submarina, sino también preservar los mecanismos naturales que equilibran la Tierra. La investigación y conservación del Agujero Azul son, por tanto, una oportunidad histórica para que Argentina lidere la protección del océano Atlántico desde la ciencia y la responsabilidad ambiental.



