La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) presentó en Roma su informe anual, revelando que alrededor de 1700 millones de personas habitan en regiones donde los rendimientos agrícolas disminuyen debido a la degradación de la tierra inducida por el ser humano.
El documento describe esta situación como una crisis persistente y silenciosa, con impactos directos en la productividad agrícola, la salud de los ecosistemas y la seguridad alimentaria global.
Una crisis que trasciende lo ambiental
El informe subraya que la degradación de la tierra no es solo un problema ecológico, sino también un desafío para los medios de vida rurales y el desarrollo sostenible.
La pérdida de productividad agrícola se entrelaza con la pobreza, el hambre y la malnutrición, afectando especialmente a comunidades vulnerables.
“La gestión sostenible de la tierra requiere entornos propicios que fomenten la inversión a largo plazo, la innovación y la responsabilidad compartida”, afirmó QU Dongyu, director general de la FAO.
Impacto global y regional
El estudio estima que la degradación ha reducido los rendimientos de los cultivos en al menos un 10% en vastas extensiones del planeta, con Asia como la región más afectada debido a su alta densidad poblacional y acumulada deuda de degradación.
Sin embargo, el informe plantea un escenario esperanzador: restaurar apenas el 10% de las tierras degradadas podría generar alimentos suficientes para 154 millones de personas cada año.

Causas principales de la degradación
La FAO señala que la degradación de la tierra es resultado de una combinación de factores naturales y humanos, siendo estos últimos cada vez más dominantes:
- Deforestación.
- Pastoreo excesivo.
- Prácticas agrícolas insostenibles.
- Riego inadecuado y salinización del suelo.
Estas actividades reducen la capacidad de los suelos para producir alimentos, provocando erosión, compactación y pérdida de nutrientes.
Efectos en la agricultura
- Disminución del rendimiento: hasta un 50% menos de producción en suelos degradados.
- Menor calidad de los cultivos: productos más pequeños, deformes y menos nutritivos.
- Aumento de costos: necesidad de aplicar enmiendas y técnicas correctivas.
- Pérdida de fertilidad: agotamiento de nutrientes y limitación del desarrollo radicular.
Impacto en los agricultores y comunidades
La degradación del suelo afecta directamente a los agricultores, especialmente a los pequeños productores:
- Pérdida de ingresos: menor rendimiento implica menos recursos económicos.
- Inseguridad alimentaria: comunidades rurales más vulnerables y dependientes de ayuda externa.
Consecuencias más allá de la agricultura
El impacto de la degradación trasciende el ámbito agrícola:
- Mayor riesgo de desastres naturales: deslizamientos de tierra e inundaciones.
- Degradación del agua: sedimentos y nutrientes contaminan cuerpos hídricos.
- Pérdida de biodiversidad: reducción de especies en suelos y ecosistemas acuáticos.
Estrategias para revertir la crisis
El informe propone gestión sostenible e integrada de la tierra, con políticas adaptadas a cada contexto agrícola. Entre las medidas sugeridas:
- Restauración de suelos degradados.
- Prácticas agrícolas resilientes frente al cambio climático.
- Inversión en innovación y tecnologías sostenibles.
- Responsabilidad compartida entre gobiernos, agricultores y sociedad civil.
Conclusión: un llamado urgente a la acción
La FAO advierte que la degradación de la tierra es una amenaza silenciosa pero devastadora para la seguridad alimentaria mundial. Restaurar y proteger los suelos no solo incrementa la producción agrícola, sino que también fortalece los medios de vida rurales y contribuye al desarrollo sostenible.
El desafío es claro: los países deben actuar de manera inmediata y coordinada para evitar que la crisis de los suelos se convierta en un obstáculo irreversible para la alimentación de las generaciones futuras.



