Brasil ha conseguido en 2024 una reducción histórica del 16,7 % en sus emisiones brutas de gases de efecto invernadero, pasando de 2.576 millones de toneladas de CO₂ equivalente en 2023 a 2.145 millones en 2024.
Se trata del mayor descenso registrado en al menos 16 años, según datos del Observatorio del Clima, la principal red de organizaciones ambientalistas del país.
La clave: menos deforestación en la Amazonía y el Cerrado
El principal factor detrás de esta caída fue la reducción del 32,5 % en las emisiones por cambio de uso del suelo, especialmente por la disminución de la tala y quema en la Amazonía y el bioma Cerrado.
- Amazonía: reducción del 33 %.
- Cerrado: caída del 41 %.
- Pantanal: descenso récord del 66 %.
En 2024, el sector de cambio de uso del suelo pasó a representar el 42 % de las emisiones totales, frente al 52 % del año anterior.
Políticas públicas y presión internacional
El Observatorio del Clima atribuye este logro a una retomada de políticas públicas de protección forestal por parte del Gobierno.
Sin embargo, advierte que la devastación de los biomas brasileños sigue siendo el principal factor que posiciona a Brasil como el quinto mayor emisor global.

Un avance insuficiente para cumplir la meta climática
A pesar del descenso, Brasil no alcanzará su Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) para 2025, que establece un límite de 1.320 millones de toneladas netas de CO₂e. Las estimaciones sitúan las emisiones netas en 1.440 millones, un 9 % por encima del objetivo.
“La deforestación disminuye, pero todos los demás sectores aumentan”, advirtió David Tsai, coordinador del SEEG.
Para cumplir la NDC de 2030, será necesario que todos los sectores económicos se comprometan con la reducción de emisiones, no solo el forestal.
Incendios, sequía y emisiones invisibles
Uno de los hallazgos más relevantes del informe es el desacople entre deforestación e incendios. A pesar de la caída en la tala, Brasil registró en 2024 la mayor área quemada de su historia, debido a una sequía severa.
Las emisiones por incendios no asociados a la deforestación fueron casi equivalentes a las emisiones netas por uso de la tierra. Si se contabilizaran oficialmente, duplicarían las emisiones netas del sector.
Los científicos reclaman que las estadísticas oficiales incluyan estas emisiones, ya que actualmente se asume que los bosques se regeneran y reabsorben el carbono, lo que no siempre ocurre.
Contradicciones en la política climática
En paralelo a estos avances, el Gobierno brasileño otorgó a Petrobras una licencia ambiental para explorar petróleo cerca de la desembocadura del Amazonas, lo que generó fuertes críticas de organizaciones ambientales.
“El Gobierno da con una mano y quita con la otra”, afirmó Claudio Angelo, del Observatorio del Clima. “Protege los bosques, pero apuesta por el petróleo, lo que agrava la crisis climática”.
Rumbo a la COP30: oportunidad y desafío
El anuncio de esta reducción coincide con la preparación de Brasil para albergar la COP30 en la ciudad amazónica de Belém, lo que añade un fuerte componente simbólico.
Brasil busca posicionarse como actor clave en la acción climática global, pero para lograrlo deberá consolidar estos avances, extender la mitigación a todos los sectores y evitar retrocesos.



