Un estudio impulsado por la Wildlife Conservation Society (WCS) y el Laboratorio de Ornitología de Cornell (Cornell Lab) alerta que cinco grandes bosques de América Central —desde el sur de México hasta el norte de Colombia— son corredores indispensables para docenas de especies de aves migratorias.
Estos ecosistemas sustentan entre 10 y 46 % de las poblaciones mundiales de 40 especies que se reproducen en América del Norte y pasan el invierno boreal en América Latina y el Caribe.
Entre los casos más críticos está la reinita cerúlea, cuya población mundial se redujo en un 70 % desde 1970. Más del 40 % de sus ejemplares depende de estos bosques durante la migración de primavera.
Los cinco grandes bosques identificados
- Selva Maya (México, Belice y Guatemala).
- La Moskitia (Honduras y Nicaragua).
- Indio Maíz-Tortuguero (Nicaragua y Costa Rica).
- La Amistad (Costa Rica y Panamá).
- El Darién (Panamá y norte de Colombia).
Estos territorios están directamente conectados con las zonas boscosas del noreste de Estados Unidos, Ontario y Quebec, Minnesota y Wisconsin, el delta del Misisipi y los Apalaches, además de la región montañosa de Texas, donde las aves se reproducen.

Ciencia participativa y datos masivos
La investigación analizó más de 2.000 millones de observaciones de aves enviadas por un millón de personas a la plataforma eBird, una de las bases de datos participativas más grandes del mundo.
Mediante herramientas de verificación y modelos avanzados de aprendizaje automático, los reportes se transformaron en mapas de distribución, estimaciones de abundancia y patrones migratorios de alta resolución.
Una pérdida acelerada
Desde el año 2000, los cinco bosques han perdido entre 5 y 30 % de su superficie, principalmente por la ganadería ilegal. La científica Viviana Ruiz Gutiérrez advierte:
“Estamos en un punto crítico. Si la deforestación sigue, millones de aves desaparecerán”.
En América del Norte, ya se han perdido 2.500 millones de aves migratorias de 419 especies desde 1970, lo que refleja la magnitud del problema.
Cooperación internacional y comunidades locales
El estudio subraya que la conservación requiere financiamiento multianual desde países del norte, destinado a comunidades locales e indígenas para incentivar la regeneración de bosques, el manejo sostenible y la agroforestería.
Ruiz Gutiérrez enfatiza la conexión entre norte y sur:
“Si alguien disfruta ver reinita cerúlea en el Central Park de Nueva York o en un bosque de Canadá, debe entender que eso solo es posible gracias a quienes protegen esos hábitats en el sur”.
La pérdida de bosques en América Central amenaza directamente a millones de aves migratorias y a la biodiversidad global. Estos corredores verdes, hoy convertidos en parches aislados en un mar de urbanización y agricultura, son esenciales para la supervivencia de especies que conectan continentes. La cooperación internacional y el fortalecimiento de comunidades locales aparecen como la única vía para frenar la deforestación y garantizar que las aves sigan cruzando los cielos de América.



