Un estudio científico identificó qué especies de murciélagos concentran el mayor potencial para desatar la próxima epidemia.
La investigación, publicada en Communications Biology y liderada por Caroline A. Cummings, analizó cientos de mamíferos, incluidos murciélagos, y concluyó que el riesgo epidemia no se distribuye uniformemente.
En realidad, este se concentra en grupos evolutivos específicos capaces de albergar virus peligrosos para los humanos.

El riesgo de la «próxima epidemia» no está en todos los murciélagos
Los investigadores aclararon que no todos los murciélagos representan la amenaza de una eventual epidemia.
El estudio analizó casi 900 especies de mamíferos y más de un centenar de virus conocidos.
Luego, los científicos colocaron esa información sobre el árbol evolutivo de los mamíferos y descubrieron un patrón revelador.
El orden completo de los murciélagos no destaca como especialmente peligroso. Sin embargo, ciertas ramas sí concentran valores más altos de lo que los investigadores llamaron «potencial de epidemia viral».
Este concepto agrupa virus capaces de causar enfermedades graves, transmitirse con facilidad entre humanos y generar alta carga de muertes.
Cabe señalar que esto no se trata de una amenaza inmediata, sino que el estudio sirve para identificar dónde es necesario vigilar con atención.
Alerta epidemia: las especies de murciélagos bajo la lupa científica
Entre los grupos identificados con mayor riesgo para una próxima epidemia aparecen:
- Murciélagos de herradura (familia Rhinolophidae)
- Murciélagos insectívoros de la familia Vespertilionidae
- Especies de las familias Molossidae y Emballonuridae
Estas son especies comunes, presentes en muchos países y, en algunos casos, acostumbradas a vivir cerca de construcciones humanas.
Esa cercanía aumenta las posibilidades de contacto entre humanos y murciélagos y, por tanto, el riesgo de transmisión y eventual epidemia.
Los científicos destacaron que los murciélagos albergan una gran diversidad viral.
En muchos casos, toleran infecciones sin mostrar síntomas graves debido a adaptaciones de su sistema inmunitario y su historia evolutiva.
Sin embargo, eso no implica que todos funcionen igual. Cada familia mantiene relaciones distintas con los virus que porta.

Las zonas de mayor riesgo en el planeta
El estudio reveló que el riesgo aumenta cuando estas especies coinciden con zonas muy transformadas por la actividad humana.
Al superponer la distribución de los murciélagos de alto potencial de epidemia con mapas de impacto humano, aparecieron regiones concretas de preocupación.
Las áreas identificadas incluyen partes de Centroamérica, la costa de Sudamérica, regiones de África ecuatorial y el sudeste asiático.
En estos lugares, la interacción entre fauna salvaje y poblaciones humanas resulta más intensa.
Vigilancia inteligente en lugar de alarma
El trabajo propuso dejar de pensar en riesgos generales de epidemia desde los murciélagos y apostar por una vigilancia más afinada.
En lugar de intentar muestrear todas las especies, algo poco realista, los programas de salud pública pueden centrarse en grupos concretos.
El estudio también sirvió para desmontar miedos simplistas. Perseguir o eliminar colonias de murciélagos no reduce realmente el riesgo de epidemia y, en algunos casos, lo empeora.
Es que la alteración de refugios estables puede aumentar el estrés de los animales y favorecer la circulación de virus.
Según el estudio liderado por Cummings, el verdadero factor decisivo no es el murciélago en sí, sino cómo y dónde interactuamos con él.
Por ello, proteger hábitats, reducir la presión sobre ecosistemas y vigilar de forma inteligente resulta más eficaz.
Cabe señalar que los murciélagos cumplen funciones clave para la agricultura y el equilibrio natural.
Así, la prevención de una próxima epidemia requiere entender el riesgo real de los murciélagos y otras especies, y no generar pánico innecesario hacia estos animales esenciales para la biodiversidad.



