Durante las últimas dos décadas, China ha llevado adelante una política de reforestación masiva que transformó su paisaje y, según un estudio publicado en Earth’s Future en 2025, también modificó el ciclo del agua.
Entre 2001 y 2020, el país impulsó programas como Granos por Verde y la protección de bosques naturales, especialmente en la meseta de Loess, con el objetivo de frenar la desertificación y restaurar ecosistemas degradados.
La estrategia comenzó en 1978 con la Gran Muralla Verde, diseñada para detener la expansión de zonas áridas en el norte. En 50 años, la cobertura forestal pasó del 10 % al 25 % del territorio, una superficie equivalente a la de Argelia. Estos esfuerzos representan el 25 % del aumento global de la superficie forestal desde el año 2000.
El fenómeno de la evapotranspiración
La plantación masiva de árboles alteró la circulación del agua en todo el país. El mecanismo clave es la evapotranspiración, proceso por el cual el agua se evapora del suelo y se libera a la atmósfera mediante la transpiración de las plantas.
- Los árboles, con raíces profundas, absorben agua incluso en sequías.
- Esto activa el ciclo del agua, redistribuyendo recursos hídricos entre regiones.
- Sin embargo, el “coste del agua” es elevado: la evapotranspiración aumentó más rápido que la precipitación, provocando pérdidas locales de agua.
Redistribución desigual del agua
El estudio revela que la reforestación ha generado un desplazamiento de recursos hídricos:
- Disminución de agua dulce en el este de China (zona de monzones) y en el noroeste árido.
- Aumento de agua dulce en la meseta tibetana.
Esto significa que, aunque el ciclo del agua es más activo, algunas regiones pierden agua mientras otras la ganan.

Implicaciones sociales y ambientales
La paradoja es especialmente relevante porque el norte de China concentra el 46 % de la población y el 60 % de las tierras cultivables, pero solo dispone del 20 % de los recursos hídricos.
La reforestación, aunque positiva para combatir la desertificación y el cambio climático, debe gestionarse localmente para evitar desequilibrios.
Un modelo de restauración con matices
El caso chino demuestra que las políticas de reforestación pueden tener efectos inesperados:
- Beneficios: aumento de la cobertura forestal, recuperación de ecosistemas y reducción de la desertificación.
- Desafíos: redistribución desigual del agua, presión sobre regiones agrícolas y necesidad de planificación territorial.
La experiencia de China muestra que plantar árboles puede cambiar no solo el paisaje, sino también el ciclo hidrológico de un país entero. La reforestación masiva es una herramienta poderosa contra el cambio climático, pero requiere una gestión cuidadosa para equilibrar los beneficios ambientales con las necesidades sociales y económicas.



