América Latina está emergiendo como una región líder en la adopción de energías renovables, con naciones como Costa Rica y Uruguay a la cabeza. Además, otros países de la región están incrementando sus esfuerzos para integrar energías limpias en sus redes eléctricas.
El ascenso de América Latina en energía alternativa
En 2016, Costa Rica logró operar exclusivamente con energía renovable durante casi siete meses. Uruguay también ha destacado en este ámbito, mientras que otras naciones han incrementado su producción de electricidad a partir de fuentes alternativas. Aunque Argentina se ha incorporado recientemente a esta tendencia, su compromiso refleja un movimiento regional hacia las energías sostenibles.
En 2014, América Latina produjo el 53% de su electricidad mediante fuentes renovables, superando significativamente el promedio mundial del 22%, según datos de la Agencia Internacional de la Energía. Este logro se debe en gran medida a la energía hidroeléctrica, facilitada por los ríos abundantes que recorren la región. Sin embargo, eventos extremos como la sequía en Bolivia, que llevó al racionamiento de agua en La Paz, demuestran la vulnerabilidad de esta fuente ante el cambio climático.
La contribución de otras energías alternativas como la eólica, solar y geotérmica, es todavía modesta, representando solo un 2% de la producción energética en América Latina, frente a un 6% a nivel global. No obstante, varios factores sugieren un crecimiento acelerado en este sector.
Recientemente, muchos países latinoamericanos han ajustado sus regulaciones para promover la energía alternativa sin necesidad de subsidios. Han llevado a cabo subastas de contratos dedicados exclusivamente a la generación renovable, siguiendo el ejemplo de Chile y Argentina. Estos esfuerzos regulatorios han fomentado la confianza de los inversionistas, lo que podría acelerar la adopción de energías limpias.
México, Argentina y Chile han fijado objetivos ambiciosos para que el 20% de su electricidad provenga de fuentes renovables para 2025. Mientras tanto, la mayoría de los países de la región dependen del gas natural, que es menos contaminante que el petróleo, para su generación básica de electricidad. Chile y Colombia, sin embargo, aún utilizan carbón, una fuente altamente contaminante.
La escasez de depósitos de carbón en la región, una vez un obstáculo para la industrialización, ahora puede ser una ventaja en el impulso hacia un futuro más verde y sostenible.



