Los mercados agrícolas internacionales mantienen perspectivas favorables para el ciclo 2026-2027. Sin embargo, organismos internacionales advierten que diversos factores ambientales, climáticos y geopolíticos podrían comprometer la estabilidad de los sistemas alimentarios en los próximos años.
Aunque la producción global de cereales continuará en niveles elevados, se prevé una disminución cercana al 2% respecto de los registros excepcionales alcanzados durante la temporada anterior. Aun así, las reservas acumuladas permitirían sostener el abastecimiento mundial.
Por otro lado, especialistas señalan que la combinación de fenómenos climáticos extremos, conflictos internacionales y volatilidad energética podría generar impactos significativos sobre la producción y el acceso a los alimentos, especialmente en las regiones más vulnerables.

Cereales en descenso, pero con disponibilidad suficiente
Las estimaciones indican que la producción mundial de cereales alcanzaría alrededor de 2.982 millones de toneladas durante 2026. Si bien la cifra continúa siendo elevada, representa una reducción respecto de los máximos históricos recientes.
Asimismo, el trigo registraría una caída importante debido a menores rendimientos previstos en Australia, la Unión Europea y Estados Unidos. Paralelamente, el consumo global de cereales seguiría creciendo, impulsado por el aumento de la población mundial.
Sin embargo, en los países de bajos ingresos se proyecta una disminución del consumo per cápita, una señal que genera preocupación sobre la capacidad de acceso a alimentos básicos en sectores con mayores dificultades económicas.
Fertilizantes y energía: factores que condicionan la producción
Además de las variables climáticas, el mercado agrícola enfrenta tensiones derivadas de las cadenas de suministro. Durante los primeros meses de 2026, el comercio internacional de fertilizantes experimentó una reducción de entre el 20% y el 25%.
En consecuencia, productores de distintas regiones observan con preocupación la disponibilidad futura de insumos fundamentales para mantener los niveles de productividad agrícola.
A ello se suma la importancia estratégica del estrecho de Ormuz, una ruta clave para el transporte energético mundial. Cualquier interrupción en esa zona podría provocar aumentos en los costos de producción, transporte y distribución de alimentos.
El impacto económico de una alimentación cada vez más costosa
La factura mundial de importación de alimentos alcanzó un récord estimado de 2,2 billones de dólares. Este incremento se produjo principalmente por el encarecimiento de productos con alto valor agregado, entre ellos cacao, especias, pescado, frutas, verduras y productos de origen animal.
Mientras tanto, los países de altos ingresos concentran más de dos tercios del gasto total. No obstante, las economías de ingresos medios y bajos también enfrentan incrementos significativos que presionan sus presupuestos y sistemas alimentarios.
Por ello, los expertos advierten que un aumento en los precios energéticos podría amplificar aún más los costos de los alimentos mediante mayores gastos logísticos, seguros y transporte internacional.

Cómo puede afectar El Niño a la producción de alimentos
El fenómeno climático El Niño se origina por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial. Este cambio altera los patrones atmosféricos globales y modifica la distribución de lluvias y temperaturas en numerosas regiones del planeta.
Como consecuencia, algunas zonas pueden sufrir sequías prolongadas, mientras que otras enfrentan inundaciones, tormentas intensas y pérdidas de suelo fértil. Estos eventos reducen la productividad agrícola y afectan la disponibilidad de agua para cultivos y ganado.
Además, los cambios en los regímenes climáticos alteran calendarios de siembra, favorecen la aparición de plagas y disminuyen la calidad de las cosechas. África, Asia, América Latina y el Caribe figuran entre las regiones con mayor riesgo ante un posible episodio intenso de El Niño.
Llamado internacional para prevenir una crisis alimentaria
Frente a este escenario, organismos de Naciones Unidas impulsaron un llamado de financiamiento por 202 millones de dólares destinado a proteger a cerca de nueve millones de personas en 22 países considerados de alto riesgo.
Entre los territorios priorizados figuran Camerún, Etiopía, Kenia, Madagascar, Malawi, Mozambique, Nigeria, Somalia, Sudán del Sur, Sudán, Uganda, Zimbabue, Afganistán, Pakistán, Filipinas, Timor Oriental, Colombia, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras y Venezuela.
De esta manera, la comunidad internacional busca fortalecer la resiliencia de los sistemas agroalimentarios frente a los desafíos climáticos y económicos que amenazan la seguridad alimentaria global, en un contexto donde la adaptación ambiental se vuelve cada vez más urgente para garantizar el acceso a los alimentos.



