Un equipo del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo (CABD) y del CSIC descubrió cómo evoluciona el ojo de los insectos tras analizar dos especies separadas por 90 millones de años: la Drosophila melanogaster (mosca del vinagre) y la Episyrphus balteatus (mosca de la mermelada).
A pesar de sus trayectorias evolutivas distintas, ambas conservan intacto un núcleo genético esencial para la formación del ojo compuesto.
Conservación genética y fluidez reguladora
El estudio, publicado en PLOS Genetics, identificó 106 genes vinculados al desarrollo ocular, entre ellos 22 factores de transcripción que regulan la expresión de otros genes durante el desarrollo embrionario.
- Los genes principales permanecen prácticamente iguales.
- Los mecanismos reguladores que controlan su activación han cambiado profundamente.
- Este fenómeno, denominado fluidez reguladora, explica cómo la evolución reorganiza las redes genéticas sin alterar funciones esenciales.
El investigador Fernando Casares lo sintetizó: “Las herramientas para construir el ojo siguen siendo las mismas, pero las instrucciones para utilizarlas han evolucionado”.
Implicaciones para la biología evolutiva
El hallazgo demuestra que la evolución no siempre crea estructuras nuevas desde cero, sino que puede reutilizar genes existentes y modificar sus mecanismos de regulación para generar adaptaciones. Esto explica cómo los insectos mantienen funciones sensoriales vitales mientras desarrollan nuevas características físicas.
La comparación entre Drosophila y Episyrphus multiplica casi por diez el número de genes conocidos relacionados con la visión, ampliando el catálogo disponible para futuras investigaciones.

El ojo compuesto y su relevancia
El ojo compuesto está presente en algunos de los grupos animales más numerosos del planeta, como insectos y crustáceos. Comprender su evolución permite:
- Explicar la diversidad biológica y la enorme variedad de adaptaciones visuales.
- Reconstruir las redes genéticas responsables del desarrollo ocular en distintas especies.
- Entender las reglas evolutivas que gobiernan la formación de órganos complejos.
Nuevas líneas de investigación
El investigador Tomás Navarro destacó que el estudio abre caminos para:
- Analizar la evolución de órganos complejos en otros grupos animales.
- Comprender la conservación de procesos biológicos fundamentales compartidos por millones de especies.
- Explorar cómo la evolución equilibra innovación y estabilidad genética.
El descubrimiento confirma que la evolución puede reorganizar las instrucciones genéticas sin alterar las funciones esenciales de un órgano.
La conservación de más de cien genes durante 90 millones de años revela la importancia de la visión en la supervivencia de los insectos y aporta claves para entender cómo la naturaleza mantiene un delicado equilibrio entre innovación y continuidad.



