Un estudio publicado en Frontiers in Insect Science demuestra cómo ciertas especies de hormigas cortadoras evolucionaron hace unos 15 millones de años para adaptarse a cambios ambientales en Sudamérica.
La reducción de áreas boscosas y la expansión de praderas y sabanas llevó a que desarrollaran mandíbulas más cortas y robustas, capaces de cortar pastos ricos en sílice, un recurso difícil de procesar pero abundante en esos nuevos paisajes.
Metodología del estudio
El equipo de investigación, integrado por especialistas de la Fundación para el Estudio de Especies Invasivas (FuEDEI) y el CONICET, analizó ADN de hormigas de los géneros Acromyrmex, Amoimyrmex y Atta recolectadas en Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil.
A través de modelos estadísticos y comparaciones genéticas, lograron reconstruir la historia evolutiva de estos insectos y confirmar que sus ancestros cortaban principalmente dicotiledóneas antes de especializarse en pastos.

Adaptación al nuevo entorno
Mandíbulas reforzadas: optimizadas para cortar hojas duras y estrechas.
Uso del pasto como sustrato: no lo consumen directamente, sino que lo emplean para cultivar un hongo específico que alimenta larvas y adultos.
Hormigueros en forma de domo: mantienen la temperatura estable (24 °C) para el crecimiento del hongo.
Asociaciones simbióticas: bacterias y comportamientos de limpieza que protegen el cultivo de patógenos.
Impacto ecológico y productivo
Las hormigas cortadoras cumplen un rol ecológico fundamental al remover nutrientes del suelo y mantener dinámicas de los ecosistemas. Sin embargo, algunas especies generan impactos agrícolas:
- Pueden dañar viñedos y plantaciones forestales jóvenes.
- Si no se aplican controles, las pérdidas económicas pueden ser muy grandes.
- Los métodos químicos son los más utilizados, aunque se buscan alternativas más sostenibles.
Perspectiva evolutiva
El biólogo Andrés Sánchez-Restrepo, coordinador del área molecular de FuEDEI, explicó que la expansión de pastizales durante el Mioceno fue una oportunidad para que las hormigas aprovecharan un recurso antes inexplorado. “Entender cómo algunas llegaron a cortar pastos nos ayuda a diseñar estrategias de control más eficientes y específicas”, señaló.
El estudio también destaca que, pese a su capacidad de adaptación, estas hormigas no son buenas colonizadoras fuera de Sudamérica. La Cordillera de los Andes actúa como barrera natural, evitando su expansión hacia Chile y la costa de Perú.
Las hormigas cortadoras llevan más de 15 millones de años perfeccionando su sistema agrícola, mucho antes que los humanos.
Su evolución hacia el corte de pastos revela cómo los cambios ambientales moldean la biología de las especies y ofrece claves para enfrentar los desafíos que plantean en la agricultura y la forestación.



