Un nuevo análisis científico arroja luz sobre una de las mayores amenazas a los océanos y su biodiversidad hoy en día: la minería submarina, también llamada minería en aguas profundas u offshore.
Se trata de un reciente estudio de la Universidad de Hawaii en Manoa, que confirma una peligrosa sospecha que la comunidad científica tiene hace años.
Es que, al parecer, esta actividad industrial amenaza ecosistemas marinos enteros y tiene la capacidad de poner en riesgo el equilibrio del fondo del mar.
En particular, más e 30 especies de peces cartilaginosos (condrictios) están en riesgo por la minería en aguas profundas.
Esto se debe a que los hábitats de tiburones, rayas y quimeras coinciden con las áreas en las que se realiza hoy la extracción de minerales.

Minería submarina: las especies que amenaza
El análisis de la Universidad de Hawaii revela una lista de víctimas que incluye tanto a gigantes oceánicos como a habitantes discretos del abismo.
Entre las 30 especies amenazadas se cuentan algunas como:
- Tiburón ballena
- Mantarraya
- Tiburón megaboca
- Raya chocolate
- Quimera de nariz puntiaguda
- Tiburón pigmeo
“La minería de aguas profundas representa una nueva amenaza potencial para este grupo de animales, vital tanto para el ecosistema oceánico como para la cultura e identidad humanas”, afirmó Aaron Judah, autor principal del estudio y estudiante de posgrado en oceanografía de la Escuela de Ciencias y Tecnología Oceánicas y Terrestres (SOEST) de la Universidad de Hawaii.
El profesor Jeff Drazen, autor senior, refuerza esta preocupación: «Debido a su vulnerabilidad, [estas especies] deberían ser considerados en las discusiones actuales sobre los riesgos ambientales de la minería submarina«.
El dato más alarmante es que el 60% de estas especies ya están catalogadas en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como amenazadas de extinción.
Además, la cifra podría ascender al 64,3% si se incluyen aquellas con «datos insuficientes», lo que revela una crisis potencialmente subestimada.

Cómo la minería submarina aniquila los ecosistemas marinos
La minería en aguas profundas genera distintas amenazas para la diversidad oceánica, las cuales afectan a distintas especies de maneras específicas.
Uno de los peores efectos de la minería submarina es la remoción del fondo marino, que aniquila hábitats críticos de forma directa.
Esto afecta especialmente a especies bentónicas que depositan huevos en el lecho, como la raya chocolate (Rajella bigelowi) y la quimera de ojos pequeños (Hydrolagus affinis).
La minería de sulfuros polimetálicos cerca de fuentes hidrotermales es una fuente de especial preocupación.
Como ejemplo, especies como el tiburón portugués (Centroscymnus coelolepis) usan estas aguas como criaderos, por lo que se destrucción para la minería submarina resultaría catastrófica para su ciclo reproductivo.
Otra amenaza son las «plumas de descarga», nubes de sedimentos y metales liberados en el agua que pueden resultar tóxicos para las especies marinas.
Estas descargas mineras afectan la cadena trófica al impactar a especies pelágicas como el tiburón ballena, la manta raya y el tiburón cortador de galletas (Isistius brasiliensis).
Estos datos son particularmente relevantes por la escala masiva de la minería en aguas profundas, con áreas de explotación de hasta 2.3 millones de km², una superficie 23 veces mayor que la dedicada a la minería terrestre.
El desafío se agrava al tratarse de aguas internacionales, reguladas por la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA), y la naturaleza migratoria de estas especies.

La propuesta de la comunidad científica para mitigar el impacto de la minería submarina
En respuesta a esta amenaza, la comunidad científica propone soluciones claras.
Las recomendaciones del estudio buscan una gestión integrada que priorice la conservación marina frente al avance de la minería en aguas profundas.
Para ello, el equipo de investigación de la Universidad de Hawaii propone las siguientes medidas:
- Actualizar las evaluaciones de riesgo ambiental para incluir explícitamente a estas especies;
- Implementar programas de monitoreo para medir los impactos antes, durante y después de la minería.
- Establecer áreas protegidas en torno a las zonas de minería, especialmente las de sulfuros y costras de ferromanganeso.
- Fijar la profundidad de descarga de las plumas por debajo de los 2.000 metros o liberarlas directamente en el lecho marino.
- Incorporar directrices de seguimiento con cámaras cebadas y estudios de marcaje en las regulaciones de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA).
«Al identificar y visibilizar esta amenaza, y recomendar posibles vías de conservación, espero que estemos mejor posicionados para mantener poblaciones saludables de tiburones, rayas y quimeras en el futuro», consideró Judah.



