La presencia del cocodrilo de Tumbes (Crocodylus acutus) en las cuencas de los ríos Tumbes y Zarumilla representa mucho más que un atractivo natural.
Este reptil de gran tamaño es un símbolo de identidad cultural y un indicador de la buena salud de los ecosistemas acuáticos en el norte de Perú. Su supervivencia ha sido posible gracias a una combinación de esfuerzos estatales, iniciativas de conservación y el compromiso cotidiano de comunidades locales.
Un reptil formidable
El cocodrilo de Tumbes puede alcanzar hasta seis metros de longitud. Su cuerpo grisáceo con manchas oscuras, vientre claro y liso, y su cola musculosa le otorgan una presencia imponente. Adaptado a temperaturas elevadas, este animal ectotérmico regula su temperatura corporal mediante el agua o abriendo la boca para liberar calor.
Durante décadas, la caza ilegal motivada por el alto valor de su piel, carne y huesos redujo drásticamente sus poblaciones, colocándolo bajo la amenaza de extinción.
Estrategias de protección y recuperación
Ante esta situación crítica, organismos como el Fondo Nacional de Desarrollo Pesquero (Fondepes) y el Organismo de Supervisión de los Recursos Forestales y de Fauna Silvestre (Osinfor) desplegaron estrategias de manejo que hoy permiten vislumbrar una recuperación.
En Villa Puerto Pizarro, el Centro de Conservación para el Cocodrilo de Tumbes funciona como refugio y espacio de reproducción en cautiverio. Allí, bajo los algarrobos y el vuelo de las garzas, se desarrolla una tarea constante y silenciosa.
“Este lugar nació para conservar una especie emblemática que existe solo en el norte del país. El objetivo siempre fue claro: evitar su extinción y asegurar su perpetuidad en el tiempo”, afirmó Flavio Saldarriaga, responsable del centro.
Actualmente, más de 320 cocodrilos —entre juveniles y reproductores— habitan en las instalaciones, reflejando el resultado de un esfuerzo sostenido por preservar la biodiversidad.

Conocimiento técnico y protocolos de crianza
La experiencia acumulada permitió definir técnicas para la crianza en condiciones controladas. Este conocimiento se consolidó en el Protocolo de crianza del cocodrilo de Tumbes en cautiverio, elaborado por Fondepes, que hoy orienta las acciones de conservación a nivel nacional.
El trabajo diario depende de personas como José Jacinto Morales, cuidador con 28 años de experiencia, quien describe:
“Yo los he visto crecer. Cada uno tiene su carácter. Algunos son más tranquilos, otros se molestan si te acercas mucho. Los animales ya nos reconocen, saben quién los cuida y quién los alimenta”.
Su hijo Miguel continúa la labor, reforzando el vínculo familiar con ejemplares como Godzilla, un cocodrilo de 3,50 metros y 300 kilogramos, nacido en cautiverio y considerado el más noble del centro.
Educación ambiental y turismo sostenible
El centro también cumple un rol educativo y turístico. Más de 60.000 visitantes nacionales e internacionales llegan cada año para conocer el valor ecológico del cocodrilo de Tumbes, un depredador clave para el equilibrio de los ecosistemas costeros.
Las visitas guiadas impulsan la educación ambiental y favorecen la economía local mediante el turismo, el transporte, la gastronomía y la artesanía, integrando la conservación al desarrollo sostenible de la comunidad.
Supervisión y reconocimiento oficial
El acompañamiento técnico del Osinfor asegura la legalidad y sostenibilidad del manejo de fauna silvestre. En junio de 2025, el centro recibió su constancia de cumplimiento de obligaciones, reconocimiento oficial que certifica su gestión responsable.
“El Osinfor no solo supervisa, también orienta y brinda asistencia técnica para mejorar la gestión del centro. Ese compromiso con la mejora continua sostuvo la calificación de muy bueno y el reconocimiento oficial”, destacó Fredy Palas Yarcila, coordinador en Chiclayo.
Al atardecer en La Tuna Carranza, los cocodrilos sumergidos en el agua tibia encarnan una historia de resistencia y esperanza. La preservación del cocodrilo de Tumbes simboliza el esfuerzo colectivo de comunidades, instituciones y Estado para mantener el equilibrio de los ecosistemas y proyectar un futuro donde la coexistencia entre humanidad y biodiversidad sea posible.



