En menos de una década, el Cañadón Caracoles, ubicado en el noroeste de Santa Cruz, pasó de ser un humedal silencioso a convertirse en un refugio vibrante para los coipos y la biodiversidad.
Gracias a un proyecto de restauración ecológica impulsado por Parque Patagonia, más de 50 coipos (Myocastor coypus) volvieron a ocupar este territorio, transformando el paisaje y ofreciendo una señal de esperanza para los humedales patagónicos.
Diagnóstico y recuperación: restaurar antes de reintroducir
Comprender las causas de desaparición fue clave para devolverle vida al humedal.
Según Emanuel Jacquier, integrante del equipo de conservación, el primer paso fue identificar las causas de la desaparición del coipo, que incluyeron modificación del ambiente y caza indiscriminada.
Luego se trabajó en reencauzar vertientes, restaurar la vegetación nativa y prohibir la caza de fauna silvestre, recuperando las condiciones naturales del humedal.
Reintroducción y monitoreo: ciencia aplicada a la conservación
Ocho coipos fueron trasladados desde Cañadón Deseado y monitoreados con tecnología especializada.
La reintroducción comenzó con la traslocación de ocho individuos provenientes de una población sana. Permanecieron en corrales de pre-suelta para aclimatarse, y luego fueron liberados en sectores estratégicos.
Cada ejemplar fue monitoreado con telemetría, cámaras-trampa y microchips, permitiendo seguir su adaptación, reproducción y expansión territorial.

Crecimiento poblacional y expansión territorial
Más de 50 coipos identificados, con nacimientos en primavera y verano.
Las campañas de campo realizadas en julio y agosto permitieron capturar, marcar y registrar nuevos ejemplares.
Se observaron hembras con hasta seis crías y dos eventos reproductivos por año, lo que indica una población saludable y en expansión. La presencia de coipos en zonas más alejadas del sitio de liberación confirma que el humedal está siendo recolonizado.
Rol ecológico del coipo: arquitecto del humedal
Su actividad favorece la vegetación, la biodiversidad y el flujo hídrico.
El coipo cumple funciones clave en la dinámica del humedal. Al desplazarse y alimentarse, moldea la vegetación, construye madrigueras que sirven de refugio para otras especies, y mantiene abiertos los canales de agua, favoreciendo la penetración de luz solar y el desarrollo de microorganismos e invertebrados. Además, es una presa importante en la cadena alimenticia.
Proyección regional: restaurar para multiplicar
El objetivo es que Caracoles se convierta en fuente para otros humedales de la estepa.
El equipo proyecta que la población de coipos en Caracoles pueda expandirse hacia otros humedales restaurados de la región.
“Nuestro esfuerzo está en recuperar estos ecosistemas clave, que son los humedales de la Patagonia”, afirma Jacquier. Lo que parecía un sueño, hoy es una realidad tangible: el humedal volvió a latir, y con él, la esperanza de una Patagonia más viva y resiliente.



