El cierre de Marineland, en la provincia canadiense de Ontario, marcó un punto de inflexión para las 30 belugas que permanecían en sus instalaciones. Tras meses de incertidumbre, su destino comienza a definirse.
Durante ese período, se evaluaron escenarios extremos, desde la eutanasia hasta un traslado a China. Sin embargo, una decisión reciente abrió una alternativa considerada menos perjudicial.
Así, el Gobierno de Canadá aprobó de manera condicional un plan para exportar a los cetáceos a centros especializados en Estados Unidos.
Un aval condicionado y requisitos pendientes
La autorización fue otorgada por el Ministerio de Pesca y Océanos de Canadá, aunque todavía restan evaluaciones técnicas antes de emitir el permiso definitivo. Entre ellas, controles veterinarios y detalles logísticos del traslado.
En paralelo, representantes de Marineland mantuvieron reuniones con acuarios estadounidenses, entre ellos el Shedd de Chicago, el Georgia de Atlanta y el Mystic de Connecticut. También hubo contactos con SeaWorld. Por lo tanto, el proceso avanza, pero sigue sujeto a nuevas revisiones y exigencias oficiales.

El peso de una historia marcada por el cautiverio
La situación de las belugas de Marineland generó alarma durante años. En los últimos seis años murieron 19 belugas y una orca dentro del parque, un dato que alimentó el reclamo social.
Aunque la empresa atribuyó los decesos a ciclos de vida naturales, el contexto reforzó las críticas sobre las condiciones de cautiverio prolongado.
Además, en 2019 Canadá aprobó una ley que prohibió el cautiverio de cetáceos, aunque sin efecto retroactivo para instalaciones ya existentes.
La alternativa china y el límite estatal
En septiembre, los propietarios del parque solicitaron autorización para enviar a los animales a Zhuhai, en China. No obstante, el Gobierno canadiense rechazó esa opción.
Las autoridades consideraron que ese traslado implicaba perpetuar prácticas incompatibles con el bienestar animal que la ley busca revertir. De este modo, se cerró una vía que había generado fuerte rechazo social y ambiental.

Crisis financiera y presión sobre el Estado
Tras el rechazo, Marineland pidió apoyo económico al Estado para sostener a los cetáceos, argumentando problemas financieros. La solicitud incluyó la amenaza de recurrir a la eutanasia.
Sin embargo, el Gobierno federal descartó cubrir esos costos y sostuvo que el bienestar animal no debía resolverse mediante presiones extremas. Finalmente, el plan de exportación a Estados Unidos fue evaluado como la salida más viable en el corto plazo.
El cierre de Marineland y las consecuencias ecológicas
El cierre definitivo del parque simboliza el declive de un modelo basado en el entretenimiento con animales marinos. A nivel ecológico, refuerza la idea de que el cautiverio no es compatible con la conservación.
Además, la prohibición de la reproducción de cetáceos en cautiverio apunta a que estos animales sean la última generación en estas condiciones.
Mientras tanto, organizaciones como Animal Justice y World Animal Protection siguen reclamando soluciones que prioricen santuarios y entornos más naturales.
En ese contexto, el futuro de las belugas de Marineland se transforma en un caso testigo sobre cómo una sociedad redefine su vínculo con la vida marina.



