En el marco de la Semana Nacional de las Especies Invasoras, del 23 al 27 de febrero, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) lanzó un llamado urgente para frenar la expansión de organismos exóticos que alteran el equilibrio ambiental.
Actualmente, México registra cerca de 2.000 especies introducidas desde otros territorios. De ese total, alrededor de 500 ya son consideradas invasoras por los daños que provocan en ecosistemas, actividades productivas y salud pública.
Aunque muchas llegaron por actividades comerciales o como mascotas, su dispersión sin control genera impactos acumulativos. Por ello, la prevención se posiciona como la estrategia más efectiva frente a un fenómeno difícil de revertir.

Un problema ambiental con alto costo económico
Las especies invasoras son organismos trasladados fuera de su hábitat natural que logran establecerse y reproducirse desplazando a la flora y fauna nativas. En consecuencia, modifican cadenas tróficas, alteran suelos y afectan servicios ecosistémicos esenciales.
Una vez consolidadas en un territorio, su erradicación resulta compleja y costosa. A nivel global, los impactos económicos se estiman en 423 mil millones de dólares anuales, mientras que en México las pérdidas acumuladas entre 1992 y 2019 superaron los 5.300 millones de dólares.
Además del impacto financiero, el deterioro ambiental implica menor disponibilidad de recursos pesqueros, agrícolas y forestales. De este modo, la problemática trasciende lo ecológico y repercute directamente en comunidades locales.
Los rostros visibles de la invasión en el país
Entre los casos más críticos se encuentra el Pez Diablo (Plecostomus), detectado inicialmente en Guerrero en 1995. Desde entonces, colonizó ríos del sur y sureste, desplazando especies comerciales y reduciendo la biodiversidad acuática.
Asimismo, el Perico Monje Argentino, introducido como mascota, se expandió en distintas ciudades. Sus nidos comunales, que pueden alcanzar hasta una tonelada de peso, generan daños en infraestructura y compiten con aves locales por alimento y espacio.
La mayoría de estas especies ingresa a través del comercio de mascotas, plantas ornamentales y actividades productivas. Por lo tanto, las decisiones individuales influyen directamente en la magnitud del problema.

El peligro de las especies invasoras y el rol ciudadano
Las especies invasoras representan una de las principales causas de pérdida de biodiversidad a nivel mundial. Al desplazar organismos nativos, reducen la resiliencia de los ecosistemas frente al cambio climático y otros factores de estrés ambiental.
Además, pueden transmitir enfermedades, afectar cultivos y alterar cuerpos de agua. Estos efectos combinados debilitan sistemas naturales que sostienen la vida y la economía regional.
Frente a este escenario, la CONABIO promueve el uso de la plataforma EncicloVida para identificar y reportar especies. Asimismo, recomienda no liberar mascotas en ambientes silvestres, optar por plantas nativas en jardinería e informarse antes de adquirir ejemplares exóticos. Así, la acción colectiva se convierte en una herramienta clave para proteger el patrimonio natural del país.



