Las tortugas gigantes de Galápagos, asociadas para siempre a Charles Darwin y a la teoría de la evolución, son uno de los íconos más reconocibles de la biodiversidad mundial.
Sin embargo, a finales del siglo XX estuvieron al borde del colapso, no por el cambio climático ni por la caza directa, sino por una amenaza introducida siglos atrás: cabras, cerdos y burros que se multiplicaron sin control en varias islas del archipiélago.
El impacto de las especies invasoras
Las cabras arrasaban la vegetación hasta la raíz, eliminaban árboles, agotaban reservas de agua y reducían las zonas de sombra. Para las tortugas gigantes, dependientes de esos recursos para sobrevivir a las estaciones secas, el impacto fue devastador.
Las medidas tradicionales de control fracasaron y los científicos concluyeron que, si no se eliminaba la causa del daño, las tortugas desaparecerían.
El Proyecto Isabela: una decisión incómoda
Así nació el Proyecto Isabela, impulsado por la Fundación Charles Darwin y la Dirección del Parque Nacional Galápagos, con un objetivo radical: erradicar por completo los mamíferos invasores.
- Se recurrió a la caza aérea desde helicópteros, con equipos especializados que eliminaron grupos enteros de cabras en zonas inaccesibles.
- En pocos meses, algunas islas redujeron hasta el 90% de su población invasora.
- Para localizar a los últimos ejemplares, se empleó la estrategia de las “cabras Judas”: hembras esterilizadas con collares GPS que buscaban a otros individuos, permitiendo a los científicos rastrear y eliminar los grupos restantes.
Entre 1997 y 2006 se erradicaron más de 150.000 cabras, además de cerdos y burros ferales. Las islas afectadas fueron declaradas libres de grandes mamíferos introducidos.

La recuperación del ecosistema
Los efectos fueron inmediatos:
- La vegetación regresó y los bosques comenzaron a regenerarse.
- Reaparecieron especies endémicas.
- Las zonas de alimentación de las tortugas se recuperaron.
- Las poblaciones de tortugas crecieron de forma sostenida.
El Proyecto Isabela se convirtió en un referente mundial de restauración ecológica, aunque también en un recordatorio incómodo: conservar la naturaleza a veces implica intervenciones directas y extremas.
Estado actual de las tortugas gigantes
Hoy, las tortugas gigantes de Galápagos siguen en estado vulnerable o en peligro crítico de extinción, con una población silvestre reducida a unos 15.000 individuos, frente a los 250.000 originales.
- Amenazas principales: especies invasoras, cambio climático, pérdida de hábitat y tráfico ilegal.
- Esfuerzos de conservación: centros de crianza como el Arnaldo Tupisa, que crían tortugas hasta que pueden sobrevivir por sí mismas y luego las liberan. En 2025 se repatriaron 170 ejemplares en Isabela.
- Investigación: el Programa de Ecología del Movimiento de Tortugas de Galápagos (GTMEP) monitorea sus rutas para predecir impactos ambientales.
- Logros: en islas como Española, las tortugas repatriadas alcanzaron la madurez sexual y lograron reproducirse de manera natural.
El caso de las tortugas de Galápagos demuestra que la conservación puede requerir decisiones difíciles y métodos extremos. No fue la selección natural la que las salvó, sino una acción científica consciente y tecnológica, que permitió recuperar ecosistemas y dar una segunda oportunidad a una especie icónica.



