Con la llegada del frío, los guanacos comienzan sus migraciones estacionales entre las mesetas y las zonas más bajas de la estepa patagónica. Este movimiento, que ocurre cada año entre marzo y junio, sostiene el equilibrio ecológico de la región. Aunque no responde a fechas exactas, las nevadas en las mesetas son el principal disparador de estos desplazamientos.
En el noroeste de Santa Cruz, los grupos permanecen durante el verano en las mesetas, aprovechando los pastos tiernos. Cuando el invierno se instala, bajan hacia áreas más bajas, repitiendo trayectos que se transmiten de generación en generación.
Migraciones y aprendizaje social
Según el biólogo Emiliano Donadio, director científico de Fundación Rewilding Argentina, las migraciones involucran a grandes grupos de individuos y se repiten cada año. Sin embargo, no todos los guanacos migran, incluso en ambientes similares. Esto abre un debate científico: ¿por qué algunos grupos se desplazan y otros no?
Estudios recientes sugieren que la migración podría depender más de la información aprendida socialmente que de un programa genético. Los animales jóvenes aprenden rutas y tiempos observando a individuos experimentados, especialmente hembras adultas y líderes. En este sentido, la migración se concibe como un fenómeno cultural, más que instintivo.
Barreras y amenazas
El problema surge cuando las migraciones se interrumpen. La “memoria cultural” que sostiene estos recorridos se erosiona y puede desaparecer. Los alambrados son una de las principales barreras:
- En invierno, la nieve impide que los guanacos los salten, quedando atrapados y muriendo de frío o inanición.
- Durante todo el año, muchos animales mueren enganchados. Un estudio del CONICET en Río Negro reveló que al menos un 6,4% de la población muere de esta manera, lo que extrapolado a toda la Patagonia implica miles de individuos por año.

Soluciones posibles
Para reducir las muertes, se han probado medidas simples pero efectivas:
- Retirar la hebra superior de los alambrados, responsable de la mayoría de los enganches.
- Modificar las hebras intermedias para permitir el paso de animales jóvenes.
Los datos preliminares muestran una disminución significativa en las muertes donde estas intervenciones se aplicaron. Sin embargo, la escala del problema exige implementar estas soluciones en toda el área de distribución de la especie.
Impacto ecológico
La pérdida de procesos migratorios no solo afecta a los guanacos, sino también al funcionamiento de la estepa:
- Se interrumpe la redistribución de nutrientes.
- Se limita la dispersión de semillas.
- Se pierde la heterogeneidad ambiental que conecta ecosistemas en el espacio y el tiempo.
En otras palabras, cuando los movimientos se frenan, la estepa también cambia. Los guanacos son piezas clave en el equilibrio ecológico, y su migración asegura la continuidad de procesos vitales para la biodiversidad patagónica.
Cada invierno, los guanacos repiten recorridos invisibles pero esenciales para la vida de la estepa. La ciencia busca comprender mejor estos movimientos, mientras la conservación enfrenta el desafío de eliminar barreras como los alambrados. Proteger las migraciones significa preservar no solo a los guanacos, sino también la funcionalidad ecológica de la Patagonia.



