El pasado 1 de agosto, un grupo de orcas fue observado en Punta Loma, cerca de Puerto Madryn, Chubut, practicando varamientos intencionales en una colonia de lobos marinos de un pelo. Más tarde se desplazaron hacia Playa Paraná y, por la tarde, atacaron a una cría de ballena franca a escasos 700 metros de la playa Las Canteras, en el Área Natural Protegida El Doradillo. Esta zona alberga la mayor concentración de madres y crías de ballena franca en la región.
Algunos ejemplares de orca se acercaron tanto a la costa que ofrecieron un espectáculo único a los visitantes. El registro audiovisual del evento confirmó el ataque y mostró que el grupo siguió desplazándose hacia el norte, interactuando con otras ballenas en la ruta. Ese mismo día, se contabilizaron 155 ballenas en la zona, una cifra destacada dentro del proyecto “Midiendo Ballenas”.
Si bien se trata de un evento poco frecuente, este tipo de observaciones aporta información clave para comprender las interacciones entre depredadores y presas en el mar. Estudios de largo plazo indican que la presencia de orcas influye en la conducta y en la distribución de las ballenas francas australes en Península Valdés.
La depredación ejerce una presión evolutiva que modela el comportamiento defensivo y la elección de hábitat de las ballenas. Desde los años 80 y 90, muchas hembras con crías se han desplazado de la costa externa —con más orcas— hacia los Golfos Nuevo y San José, donde el riesgo de ataques disminuye.

Un equilibrio natural bajo presión
Investigaciones entre 1972 y 2000 registraron 117 encuentros entre orcas y ballenas francas, con ataques en solo el 10% de los casos, pero con alto riesgo para las crías. En respuesta, las ballenas desarrollaron estrategias defensivas como la “formación de roseta”, en la que las adultas rodean a las crías con sus colas hacia fuera para protegerlas.
El desplazamiento hacia zonas más seguras parece haber reducido los encuentros y ataques, aunque estos aún ocurren. Valdés ofrece ventajas naturales: aguas poco profundas, menor densidad de orcas y abundancia de otras presas para los depredadores.
La interacción entre orcas y ballenas es parte del equilibrio natural, pero su observación constante permite detectar cambios y amenazas. Conservar estos espacios es clave para asegurar que ambas especies continúen cumpliendo su función en la cadena trófica marina.

Reproducción y supervivencia de la ballena franca
La reproducción de la ballena franca austral es un proceso lento y estratégico. Las hembras tienen crías cada tres a cinco años y la gestación dura aproximadamente 12 meses. Este bajo ritmo reproductivo significa que la pérdida de una sola cría tiene un impacto considerable en la recuperación poblacional.
En las zonas de cría, como Península Valdés, las madres buscan aguas poco profundas y tranquilas que dificulten la aproximación de depredadores. Aquí, las crías permanecen junto a sus madres durante los primeros meses, período crítico para su desarrollo y aprendizaje.
La supervivencia de cada ballenato es crucial no solo para mantener la población estable, sino también para conservar el rol ecológico de la especie. Como grandes cetáceos filtradores, las ballenas francas ayudan a reciclar nutrientes en el océano y a mantener la salud de los ecosistemas marinos.
Fuente: Instituto de Conservación de Ballenas.



