El paseo es uno de los momentos más esperado por los perros, pero lo que pocos saben es que lo más importante es dejarlo olfatear, especialmente si el perro es temeroso, ya que esto los ayuda a interpretar mejor, de manera positiva, los estímulos del entorno.
Cuando el perro está olfateando, se activan los circuitos del placer, que ayuda a la relajación del cerebro. En este sentido, es importante tener en cuenta que, cuando la mascota está caminando y se frena a olfatear, el dueño debe frenarse detrás de él.
¿Por qué? Porque si el dueño se coloca delante del perro, el animal puede verlo y sentir ansiedad por seguir caminando, dejará de olfatear y continuará su camino. Entonces, si el compañero canino se detiene para dar prioridad a su olfato, quien lo lleve, también deberá frenar.
De esta forma, tan simple y sencilla, el animal podrá aprovechar los beneficios que se obtienen al olfatear, ya que así se relaja y libera el estrés. Esto lo ayuda a interpretar mejor los estímulos, los ruidos, las personas y todo aquello que lo rodea.

El valor del olfato en la vida cotidiana
Cuando un perro olfatea, no solo explora el mundo exterior, también estimula su cerebro. Esta práctica actúa como un ejercicio cognitivo que reduce el estrés y mejora su capacidad de concentración. Un paseo sin tiempo para investigar con la nariz puede resultar aburrido y frustrante para la mascota.
El olfateo también es una forma de comunicación. A través de los rastros químicos, los perros obtienen datos sobre la edad, sexo y estado de salud de otros animales. Esto les permite interpretar situaciones y reforzar su seguridad en el entorno.
Además, se comprobó que dar libertad para detenerse y oler disminuye la ansiedad y fortalece el vínculo con sus cuidadores. Un perro que siente respeto por sus tiempos de exploración se muestra más relajado y receptivo.

Equilibrio para un paseo saludable
Un paseo ideal debería combinar caminata sostenida y momentos de exploración libre. Dedicar espacios a ambas actividades garantiza beneficios físicos, emocionales y sociales. Los trayectos más largos pueden incluir tramos rápidos para ejercitar y pausas estratégicas en parques o calles tranquilas para oler sin apuro.
De esta forma, el paseo deja de ser una rutina mecánica para transformarse en una experiencia integral. Caminar mantiene el cuerpo en movimiento, mientras que olfatear alimenta la mente y las emociones. Ambos aspectos son esenciales para que los perros disfruten plenamente de su entorno y construyan un vínculo más fuerte con sus compañeros humanos.



