Si las cebras y los caballos se parecen tanto, ¿por qué unos son domésticos y los otros no?

Los seres humanos han domesticado animales desde hace unos 15.000 años. La primera especie fueron los perros, quienes siguen acompañando a las personas hoy en día. Además, otros como pollos, cerdos, vacas y burros son otras que siguen acompañando al humano y que se siguen utilizando para extraer carne, huevos, leche y más productos.

El caballo también es otra especie domesticada, aunque fue de las últimas en hacerlo. Primero fueron las cabras, las ovejas y otros animales, y no fue hasta hace 5.000 años cuando se domesticó el primer caballo, según la tesis de Jaime Ernesto Lira Garrido, de la Universidad de La Rioja.

Pero, si las cebras y los caballos se parecen tanto, ¿por qué el ser humano consiguió domesticar una especie y no la otra? La respuesta está en la forma en la que se estructuran las familias de los caballos y las cebras y en la jerarquía que cada especie sigue, según explican desde ‘CGP Grey’.

Por ejemplo, los caballos siguen una organización social jerárquica y familiar. Jerárquica porque la caballada sigue al macho dominante, y familiar porque se mueven y viven en familias y comunidad. En el caso de las cebras, estos animales son más independientes, por lo que no les importa tanto con quién comparten manada.

Así que, a la hora de domesticar a una de las dos especies, hacerlo con los caballos fue más fácil. Ellos tienen unos valores familiares fuertes y siguen una jerarquía. Por ejemplo, al desplazarse siguen al macho, después va la hembra y, más tarde, los potros. Así que si una persona doma al macho, será ahora como el «macho jefe» de esa caballada y le seguirán, como indica ‘CGP Grey’.

En el caso de las cebras no es así. Estos animales son más «malos», ya que suelen morder y dar coces. Además, suelen agacharse mucho, por lo que agarrarlas con un lazo es difícil. Pero, lo más importante, es que carecen de estructura familiar y solo van en manada porque es una buena estrategia de supervivencia, no porque tengan apego por el resto de compañeras.

En definitiva: aunque las cebras se parezcan bastante a los caballos físicamente, la realidad es que en el comportamiento no son parecidos. Los valores familiares de los caballos no están presentes en las cebras, quienes no se preocuparán si un ejemplar se separa de la manada o si un depredador captura a un familiar.

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