Una especie de salamanquesa endémica, Phyllodactylus maresi, fue redescubierta en la isla Rábida, en el archipiélago de Galápagos. El hallazgo confirma su existencia en este ecosistema tras décadas sin registros vivos confiables. Hasta ahora, solo se contaban vestigios fósiles del Holoceno y una imagen tomada en 2012.
Durante expediciones realizadas en 2019 y 2021, investigadores lograron detectar individuos vivos del reptil, hecho que fue documentado recientemente en una publicación científica. El redescubrimiento es considerado una señal del éxito en los programas de restauración ecológica de la zona.
Desde el año 2011, la isla Rábida fue objeto de tareas de restauración lideradas por el Parque Nacional Galápagos junto a organizaciones internacionales. Entre las acciones destacadas, figura el control intensivo de especies invasoras como los roedores, responsables de impactar negativamente la fauna nativa.
Estas acciones permitieron que especies como la salamanquesa tuvieran condiciones para repoblar sus hábitats. La regeneración del ecosistema insular muestra que los esfuerzos sostenidos de conservación pueden revertir procesos de pérdida de biodiversidad.

Galápagos: restauración, ciencia y biodiversidad resiliente
Los estudios genéticos y morfológicos realizados tras el redescubrimiento de Phyllodactylus maresi refuerzan la importancia de mantener colecciones científicas y muestras genómicas. Estas herramientas resultan claves para la identificación precisa de especies y la comprensión de sus patrones evolutivos.
La salamanquesa es un ejemplo de cómo la vida puede regresar cuando se eliminan las amenazas principales. En este caso, el retiro de roedores permitió que reptiles nativos recuperaran espacio y estabilidad. A su vez, este proceso ayuda a fortalecer las cadenas tróficas insulares.
El archipiélago también fue escenario de otro hallazgo esperanzador: el coral Rhizopsammia wellington, considerado desaparecido por 25 años, fue observado nuevamente en junio. Su reaparición demuestra la resiliencia de los ecosistemas marinos cuando se reducen presiones externas.
Las iniciativas de conservación en Galápagos combinan monitoreos científicos, restauración ecológica y educación ambiental. Son esfuerzos que buscan no solo proteger especies, sino preservar la integridad funcional de uno de los ecosistemas más únicos del planeta.

Las especies emblemáticas del archipiélago
Las islas Galápagos son un laboratorio natural donde la evolución se manifiesta de manera espectacular. Allí conviven especies que no existen en ningún otro lugar del mundo, muchas de las cuales fueron claves en los estudios de Charles Darwin.
Entre los reptiles, destacan las icónicas tortugas gigantes y las iguanas marinas, únicas capaces de nadar y alimentarse bajo el mar. También son hogar de varias especies de pinzones, famosos por sus adaptaciones a distintos nichos ecológicos.
Las islas albergan mamíferos como lobos marinos y delfines, así como aves endémicas como el cormorán no volador y el albatros de Galápagos. En el mar, los tiburones martillo, rayas y tortugas verdes completan un cuadro de biodiversidad excepcional.
Este conjunto de especies convierte a Galápagos en un punto crítico de conservación global. Su protección depende del equilibrio entre el turismo controlado, la investigación científica y el respeto por un entorno tan frágil como valioso.



