En los últimos años, las abejas encendieron las alarmas de la comunidad científica. Los repentinos cambios en su comportamiento no solo comprometen la estabilidad de las colonias, sino que también impactan directamente en la producción agrícola.
En países como Estados Unidos, las abejas melíferas cumplen un rol clave en la polinización de cultivos de frutas como cerezas, arándanos y manzanas. También son indispensables en la producción de almendras, un sector que depende casi por completo de su labor.
La amenaza es clara: si las colonias continúan en declive, se generará escasez de estos alimentos y un aumento en los precios de los supermercados. Esto no solo afectará a los agricultores, sino también a los consumidores y a la seguridad alimentaria global.
La preocupación se profundiza porque a las dificultades naturales se suma la presencia de depredadores invasores, como el avispón asiático gigante, que presiona aún más a las poblaciones de abejas en Norteamérica y Europa.

Cambios en el comportamiento de las abejas
Uno de los factores que más altera a las abejas melíferas es el sobrecalentamiento. Cuando su temperatura corporal interna supera los 15 grados Fahrenheit de lo tolerable, deben batir sus alas con más fuerza y refugiarse en lugares sombreados para enfriarse.
Este esfuerzo extra tiene consecuencias. El tiempo invertido en regular su temperatura les resta energía para polinizar y reduce sus oportunidades de apareamiento. Con menos flores visitadas y menos reproducción, las colonias pierden fuerza.
A estas condiciones se suman otros problemas: la pérdida de hábitat, el uso intensivo de pesticidas y la propagación de enfermedades. Todos estos factores hacen que las abejas sean menos resistentes al calor y más vulnerables a cambios ambientales bruscos.
La disminución de estas poblaciones no es un dato menor. Los apicultores reportan la pérdida de hasta un tercio de las colonias, mientras que a nivel mundial se estima que las abejas participan en el 35% de la producción agrícola.

Los comportamientos normales de las abejas
Para comprender la magnitud de los cambios actuales, es necesario recordar cuáles son los comportamientos normales de las abejas en condiciones saludables.
En primer lugar, las abejas melíferas suelen organizarse de manera eficiente en la colmena. Cada grupo cumple un rol: las obreras recolectan néctar y polen, las nodrizas cuidan a las larvas y la reina asegura la reproducción. Este equilibrio garantiza el funcionamiento de la colonia.
Otro comportamiento típico es la polinización. Las abejas visitan miles de flores al día, transportando polen entre ellas y permitiendo la producción de frutos y semillas. Esta actividad es continua durante la temporada de floración y se interrumpe solo en condiciones extremas.
Además, las abejas mantienen una sofisticada comunicación mediante danzas. A través de movimientos específicos, una abeja indica a las demás la ubicación de flores o fuentes de agua. Esta coordinación asegura que la colonia aproveche al máximo los recursos disponibles.
Cuando estos comportamientos se ven alterados —ya sea porque se reduce la actividad de polinización, porque disminuye la reproducción o porque las abejas no logran mantener su organización— la salud de toda la colonia se resiente, poniendo en riesgo a la agricultura y a los ecosistemas.



