En los bosques nubosos del norte de Perú, un sorprendente comportamiento ha emergido entre las aves tropicales. Según un estudio reciente, estas aves están modificando sus calendarios reproductivos de una manera sin precedentes.
Durante cinco años de investigación, se ha observado que las especies insectívoras pueden retrasar su cría hasta medio año, variando incluso entre montañas cercanas.
El factor principal parece ser la precipitación. Cambios en las lluvias alteran la disponibilidad de insectos, lo que a su vez afecta las decisiones reproductivas de las aves.
Cuando el clima se vuelve impredecible, el suministro de alimento fluctuante complica la alimentación de los polluelos.
El estudio fue liderado por Felicity Newell e Ian Ausprey, profesores de la Texas A&M University, con la colaboración de Scott Robinson del Florida Museum of Natural History.
El equipo trabajó en ocho montañas de los Andes, cubriendo más de 100 kilómetros, para entender los patrones de anidación de las aves tropicales.
Efectos del cambio climático
Su enfoque incluyó la captura de aves mediante redes de niebla para buscar signos de reproducción reciente. También midieron flora, frutos, precipitaciones y biomasa de insectos, vinculando estos datos con el ciclo reproductivo de las aves.
El exhaustivo trabajo de campo resultó en la captura de más de 8,000 aves y el registro de cerca de 4,000 eventos reproductivos.
Se recolectaron unos 48,000 insectos y se localizaron 318 nidos, demostrando la importancia de la persistencia y el trabajo arduo en la ecología de campo.
Antes se creía que en los trópicos, la reproducción podía desplazarse solo unas pocas semanas. Sin embargo, este estudio sugiere que las variaciones podrían ser mucho mayores en áreas con estaciones húmedas y secas bien definidas.
Lo más significativo es que no solo una especie cambia, sino segmentos completos de la comunidad.
Particularmente destacable fue el hallazgo de que las aves insectívoras experimentaron una variación imprevista, con comunidades desfasadas hasta seis meses en áreas separadas por apenas 60 millas.
Una comunidad podía reproducirse en mayo y otra en octubre, un fenómeno no documentado en proximidad al ecuador.
El equipo determinó que el punto de inflexión para reproducirse en una estación u otra está estrechamente vinculado a la biomasa de insectos, con un umbral de 43 miligramos por metro cuadrado.
Por encima de este, las aves podían criar al final de la estación seca, pero por debajo, lo hacían al inicio de las lluvias.
Este comportamiento se ve influenciado por las fluctuaciones climáticas, donde períodos de sequía o lluvias intensas redujeron la biomasa de artrópodos hasta un 50%.
Sin embargo, las condiciones moderadas favorecían un aumento de biomasa, indicando un equilibrio ecológico crucial.
Las repercusiones ambientales son evidentes. El estudio no implica que todas las aves cambiarán sus patrones reproductivos, pero sugiere que podrían ocurrir si los niveles de alimento caen.
Con precipitaciones cada vez más extremas e irregulares, los insectos, y por ende las aves que dependen de ellos, podrían ser los primeros en verse afectados.
Adicionalmente, la presión no solo proviene del clima. Los Andes son un hotspot de biodiversidad con más de 1,500 especies de aves. La deforestación para la agricultura ha sido vinculada a una disminución de hasta el 60% en el número de especies.
La esperanza radica en las acciones locales. Estudios sugieren que aumentar la cobertura arbórea en sistemas agropecuarios puede mejorar la biodiversidad, aumentando la riqueza de especies entre un 18% y un 20% al introducir más vegetación por hectárea.



