Más de tres siglos después de su desaparición, el legendario dodo podría volver a caminar sobre la Tierra. Un equipo de científicos de la empresa Colossal Biosciences, con sede en Texas, anunció un avance clave en su intento por traer de regreso a esta ave no voladora originaria de la isla de Mauricio, en África Oriental.
El proyecto, que combina ingeniería genética y conservación, busca revertir uno de los mayores símbolos de extinción causada por el ser humano. Sin embargo, la promesa de la “desextinción” también despierta una serie de dilemas ecológicos y éticos.
La compañía logró cultivar células germinales de paloma, precursoras de óvulos y espermatozoides, una etapa esencial para el proceso. Estas células pertenecen a la paloma de Nicobar, el pariente más cercano del dodo, lo que permitiría recrear su genoma con herramientas de edición genética.
Los científicos estiman que el proceso podría completarse en menos de una década. Para ello, ya trabajan en localizar hábitats seguros en Mauricio, libres de depredadores invasores, que permitan reintroducir la especie en condiciones controladas.

Ingeniería genética y dilemas ecológicos
El plan se basa en la técnica CRISPR, capaz de editar ADN con precisión. A través de ella, se modificarían embriones de aves actuales para reproducir características físicas y conductuales del dodo. El objetivo final es crear una población autosuficiente, con suficiente diversidad genética para sostenerse por sí sola.
Sin embargo, el entusiasmo científico se enfrenta a cuestionamientos ambientales y éticos. Algunos especialistas advierten que, más allá de la proeza tecnológica, los organismos resultantes podrían no ser verdaderos dodos, sino híbridos que imiten sus rasgos.
Además, preocupa el impacto ecológico de reintroducir una especie desaparecida hace siglos en un entorno profundamente alterado. La flora y fauna actuales de Mauricio ya no son las mismas, y un error podría generar desequilibrios en los ecosistemas.

Los pros y contras de revivir especies extintas
Los defensores de la desextinción argumentan que estos proyectos impulsan el desarrollo científico y la conciencia ambiental. Consideran que recuperar especies perdidas podría restaurar ecosistemas dañados y revertir, en parte, la huella humana sobre la naturaleza. También abren la puerta a nuevas estrategias de conservación genética para especies en peligro crítico.
Entre las ventajas se destaca el aprendizaje técnico derivado del proceso: herramientas como CRISPR podrían aplicarse a la preservación de animales amenazados o al fortalecimiento de su resistencia ante enfermedades y cambios climáticos.
Sin embargo, los críticos sostienen que este tipo de iniciativas distraen recursos y atención de los problemas urgentes que enfrenta la biodiversidad actual. En lugar de traer de vuelta al dodo, advierten, sería más efectivo proteger las miles de especies vivas que están al borde de la extinción.
El debate está abierto. Mientras unos celebran el renacer del ave símbolo de la extinción, otros recuerdan que la verdadera victoria no está en revivir lo perdido, sino en evitar nuevas desapariciones. El futuro del dodo, una vez más, será una lección sobre los límites y responsabilidades de la ciencia frente a la naturaleza.



