La supervivencia frente a un planeta cada vez más extremo no depende solo de tormentas o sequías. La Iniciativa de Adaptación Global de la Universidad de Notre Dame creó ND-GAIN, una herramienta que combina vulnerabilidad y preparación para mostrar qué países pueden enfrentar mejor el futuro.
El índice analiza la exposición al cambio climático y la capacidad de cada nación para aprovechar inversiones de adaptación. El resultado es una matriz mundial que ordena a 182 países en función de estos factores críticos.
El mapa divide a las naciones según su nivel de riesgo, utilizando como eje la vulnerabilidad climática y la preparación institucional. En el cuadrante verde aparecen los países con baja vulnerabilidad y alta preparación, considerados los más capaces de adaptarse.
En el extremo opuesto se ubican los países con alta vulnerabilidad y baja preparación, donde la urgencia es máxima y los recursos son insuficientes.

Vulnerabilidad: cuánto puede afectar el cambio climático
ND-GAIN evalúa la vulnerabilidad a través de seis sectores esenciales para la vida y el ambiente. La producción de alimentos, la disponibilidad de agua y la salud pública son indicadores centrales, junto con la integridad de ecosistemas y el hábitat humano.
También se analizan riesgos sobre infraestructura energética, transporte y exposición al aumento del nivel del mar. Además, el índice también mide la habilidad de los países para transformar inversiones en medidas de adaptación efectivas.
Evalúa la estabilidad política, el clima económico y la calidad regulatoria, elementos clave para atraer financiamiento. La preparación social —educación, equidad e innovación— determina si la población puede implementar respuestas sostenibles.

Quiénes están mejor y quiénes enfrentan mayores riesgos
Los países nórdicos y algunas economías estables encabezan el cuadrante verde, combinando baja vulnerabilidad y altos niveles de preparación. Noruega, Finlandia y Suiza aparecen entre los más capaces de adaptarse a escenarios climáticos desafiantes.
En cambio, naciones como Chad, República Centroafricana o Eritrea figuran entre las más expuestas y con menor capacidad de respuesta. El índice permite conocer qué países necesitan apoyo urgente y cuáles pueden liderar estrategias de resiliencia.
También ayuda a orientar inversiones hacia regiones donde la adaptación ofrecerá mayor impacto social y ambiental. Su enfoque integral da claridad sobre cómo interactúan la crisis climática, la infraestructura, la gobernanza y el desarrollo humano.



