Cumple 40 años la Base Carlini, la “usina científica” de la Antártida Argentina

Ubicada en la Isla 25 de Mayo, de las Shetland del Sur, allí se realizan investigaciones de glaciología, sismología, microbiología y remediación de suelos.

La base antártica Carlini, uno de los principales polos de desarrollo científico y cooperación internacional en la Antártida, celebró este 12 de febrero sus 40 años como centro de desarrollo de diversas áreas de conocimiento, albergando una población de sesenta efectivos de las fuerzas armadas, técnicos e investigadores.

Patricia Ortúzar, directora Nacional del Antártico, afirma que “la base Carlini es la gran usina científica de Argentina en la Antártida, es donde en las últimas décadas se pudieron desarrollar gran parte de las investigaciones que se llevan adelante en diversos campos del conocimiento”.

Aunque la Armada Argentina fundó un destacamento en 1953, fue en febrero de 1982 que la Dirección Nacional del Antártico (DNA) tomó posesión de las instalaciones con el objetivo de apuntar al desarrollo del conocimiento de este territorio.

Ortúzar contó que “cada base tiene su particularidad pero Carlini tiene una variedad de condiciones ambientales que la hacen muy atractiva para las investigaciones científicas, la Caleta Potter es el área especialmente protegida n° 132 del Tratado Antártico, porque allí en una franja costera de pocos kilómetros durante el verano se concentran una gran variedad de especies de aves y mamíferos marinos para su etapa de reproducción”.

Y su atractivo “es que está ubicada en un área de la Isla 25 de Mayo en la que también se hacen investigaciones de glaciología, sismología, microbiología y remediación de suelos entre otras».

«La infraestructura de esta base permite a los investigadores de diversas áreas no sólo la toma de muestras sino también la posibilidad de analizarlas en el mismo lugar”, explicó la jefa de la DNA.

En la base hay un laboratorio “al que todos le decimos «el Cabildo», que es el Laboratorio Argentino y el Laboratorio Dallmann, un proyecto conjunto con Alemania y uno de los más exitosos casos de cooperación internacional científica en la Antártida».

Luis Balmaceda, jefe de la Base Carlini, manifestó que “en la base somos 30 personas destinadas al sostenimiento logístico y otras 35 en los diferentes proyectos de investigación científica. Durante el verano se concentra la mayor parte de la actividad antártica y después de abril vamos a quedar 29 hasta que se produzca el relevo de dotación entre diciembre y enero».

Lucas Martínez, doctor en bioquímica de la Universidad de Buenos Aires (UBA) que investiga microbiología ambiental en el IAA es el jefe científico de la base y destacó que «la tarea implica coordinar y organizar toda la actividad científica, esta base es la que mayor cantidad de científicos tiene por lejos e implica un trabajo satisfactorio pero desgastante; acá hay al menos diez proyectos simultáneos y es la base que más publicaciones científicas genera”.

“Hay equipos trabajando en oceanografía, mamíferos marinos, pingüinos, microbiología, fisiología, parasitología, aves voladoras, química ambiental, y macroalgas entre otras áreas», precisó.

Martínez destacó que la base Carlini es “la que más proyectos de cooperación internacional articula, hasta antes de la pandemia era bastante habitual que en cada verano vengan con nosotros investigadores de países como Alemania, Rusia o Nigeria».

Ortúzar contó que «una de las actividades más importantes de Carlini es el monitoreo a largo plazo de las poblaciones de pingüinos, que es un dato que Argentina le provee a la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR, por su sigla en inglés).

«En Carlini también se lleva adelante una investigación de biorremediación de suelos contaminados con hidrocarburos que nos dio muchas satisfacciones”, aseguró.

Indicó que lo interesante es que “desarrollaron la técnica con bacterias autóctonas que es algo muy importante porque el Protocolo de Madrid no permite el ingreso de especies de otros lugares».

Ortúzar mencionó que se avanza en un estudio sobre el impacto de los microplásticos en la Antártida y que también existe un desarrollo en sismología en cooperación con Italia.

“Fue un sismógrafo de ese proyecto el que recabo los datos de la serie de temblores que afectó al archipiélago de las Shetlands hace unos años».

La base antártica Carlini está ubicada en la península Potter de la isla 25 de Mayo perteneciente al archipiélago de las Shetland del Sur, a unos 1.000 kilómetros de la ciudad fueguina de Ushuaia y a 3.700 de Buenos Aires. Durante el verano la temperatura ronda entre los -2 °C y 3 grados y en el invierno las temperaturas promedio son de entre 10 y 20 grados bajo cero.

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