En 2021, el Reino Unido se convirtió en el primer país en reconocer legalmente a los pulpos, langostas y cangrejos como seres sintientes. La modificación de la Ley de Bienestar Animal amplió la protección más allá de los vertebrados, incluyendo a estos invertebrados con sistemas nerviosos centrales complejos.
Este avance fue impulsado por la investigación del filósofo Jonathan Birch, profesor de la London School of Economics, quien lideró una revisión independiente encargada por el Gobierno británico. Basándose en más de 300 estudios científicos, concluyó que los cefalópodos y decápodos poseen capacidades cognitivas y neuronales que justifican su inclusión en la legislación.
El papel del documental
El documental “My Octopus Teacher” (Mi maestro el pulpo), ganador del Oscar en 2021, popularizó la idea de que los pulpos podían tener emociones y fomentó una visión más empática hacia estos animales. Para muchos, fue el punto de partida de un cambio cultural que influyó en la decisión política.

Criterios científicos
Birch y su equipo aplicaron ocho criterios científicos para evaluar la sintiencia, analizando:
- Conducta: reacciones frente a estímulos dañinos.
- Cognición: capacidad de aprendizaje y resolución de problemas.
- Neurobiología: complejidad de sus sistemas nerviosos.
El informe concluyó que estos animales muestran respuestas consistentes con la experiencia de dolor y emociones, lo que justifica su protección legal.
Implicaciones prácticas
Uno de los efectos inmediatos fue la prohibición de cocer en vivo a pulpos, langostas y cangrejos, considerada una de las formas más dolorosas de muerte. Además, se establecieron planes para implementar protecciones más estrictas en materia de bienestar animal, abarcando mascotas, ganado y fauna silvestre.
Declaraciones oficiales
El ministro de Bienestar Animal, Lord Zac Goldsmith, destacó que el Reino Unido “siempre ha sido pionero en materia de bienestar animal” y que el Plan de Acción para el Bienestar Animal busca establecer algunas de las protecciones más avanzadas del mundo.
Reflexión ética
Birch advirtió sobre el riesgo de empatizar solo con los animales más cercanos a nuestra sensibilidad:
“Existe el peligro de que decidamos que los animales con los que empatizamos son los que sienten, y que aquellos con los que nos cuesta empatizar, como los invertebrados, no sienten. Y, desde luego, no es tan sencillo”.
El reconocimiento legal de los pulpos y otros invertebrados como seres sintientes marca un hito en la ética y el derecho animal. Este cambio no solo protege a especies tradicionalmente consideradas recursos alimenticios, sino que también redefine la relación humana con la biodiversidad, ampliando el alcance del bienestar animal hacia formas de vida complejas y fascinantes.



