Este jueves 3 de julio, la Tierra atravesó el afelio, el momento del año en que se encuentra más alejada del Sol en su órbita.
El fenómeno, que ocurre anualmente entre el 2 y el 7 de julio, se produjo exactamente a las 07:55 UTC, momento en el que la distancia entre ambos cuerpos celestes alcanzó los 152.098.455 kilómetros.
Este valor contrasta con el perihelio, el punto de mayor cercanía al Sol, que en 2025 ocurrió el pasado 4 de enero, con una distancia de aproximadamente 147,1 millones de kilómetros. La diferencia entre ambos extremos orbitales es de casi cinco millones de kilómetros.
Una órbita elíptica, no un círculo perfecto
Tal como recuerda el Observatorio Astronómico estatal, la Tierra describe una órbita elíptica de 930 millones de kilómetros, que recorre a una velocidad media de 107.280 km/h, completando una vuelta en 365 días y casi 6 horas, lo que explica la existencia de los años bisiestos.
La velocidad no es constante: aumenta cuando el planeta se acerca al Sol (perihelio) y disminuye al alejarse (afelio). Este principio fue formulado en el siglo XVII por el astrónomo alemán Johannes Kepler, quien enunció que la línea imaginaria que conecta a un planeta con el Sol barre áreas iguales en tiempos iguales.
En consecuencia:
- En el perihelio, la Tierra puede alcanzar velocidades de hasta 110.700 km/h
- En el afelio, se reduce a alrededor de 103.536 km/h
Esa variación de más de 7.000 km/h refleja el equilibrio dinámico de la gravedad solar y el impulso orbital de nuestro planeta.
Un fenómeno poco perceptible pero clave
Aunque el afelio no provoca cambios estacionales apreciables —ya que las estaciones están determinadas por la inclinación del eje terrestre y no por la distancia al Sol—, este hito ilustra cómo la mecánica celeste condiciona ritmos fundamentales en la vida del planeta.
En promedio, la Tierra se encuentra a 150 millones de kilómetros del Sol, distancia conocida como unidad astronómica, que sirve de parámetro para medir otras distancias dentro del sistema solar.
Por este motivo, la luz solar tarda cerca de ocho minutos en llegar a la superficie terrestre, un recordatorio de que incluso en su punto más cercano o más lejano, la escala astronómica nos sitúa en una danza cósmica de precisión y proporción.



