Pese a las teorías iniciales, la luna más grande de Saturno podría no tener un océano global bajo su superficie

Un reanálisis minucioso de datos recopilados hace más de una década indica que Titán, la luna más grande de Saturno, no posee un vasto océano bajo su superficie helada, como se había sugerido anteriormente.

En cambio, bajo su exterior helado se encontrarían capas de hielo, túneles fangosos y bolsas de agua de deshielo cerca del núcleo rocoso, todo esto según un estudio liderado por la NASA y la Universidad de Washington.

El estudio y sus protagonistas

La investigación, publicada en Nature, fue dirigida por la NASA con la colaboración de Baptiste Journaux, profesor asistente de ciencias de la Tierra y el espacio en la Universidad de Washington, y Ula Jones, estudiante de posgrado de su laboratorio.

Journaux forma parte del equipo de la próxima misión Dragonfly de la NASA a Titán, cuyo lanzamiento está previsto para 2028. Los datos obtenidos en este estudio serán clave para guiar la misión, que busca responder definitivamente si existe agua líquida en el interior de la luna y, eventualmente, encontrar evidencia de vida extraterrestre.

Cassini y la hipótesis inicial del océano

Los datos de la misión Cassini, que orbitó Saturno entre 1997 y 2017, llevaron a los investigadores a sospechar la existencia de un gran océano subterráneo en Titán. La deformación observada en la luna durante su órbita elíptica alrededor de Saturno parecía compatible con un océano profundo que permitiera flexionar la corteza bajo la atracción gravitatoria del planeta.

Sin embargo, al modelar la luna con un océano global, los resultados no coincidieron con las propiedades físicas descritas por los datos. Un análisis más detallado reveló un escenario distinto y más complejo.

Sincronización y viscosidad: la clave del hallazgo

El nuevo estudio introdujo un nivel adicional de análisis: la sincronización del cambio de forma de Titán. Los investigadores observaron que la deformación de la luna se producía unas 15 horas después del pico de atracción gravitacional de Saturno.

Este retraso, similar al esfuerzo de mover miel en lugar de agua, indicó que el interior de Titán es mucho más viscoso de lo que se esperaba. La cantidad de energía disipada fue mucho mayor que la prevista en el escenario oceánico global.

“Nadie esperaba una disipación de energía tan fuerte en el interior de Titán. Esa fue la prueba irrefutable de que el interior es diferente de lo que se infería de análisis previos”, explicó Flavio Petricca, investigador postdoctoral del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA y autor principal del estudio.

luna de Saturno
Un reanálisis de datos de Cassini revela un interior más complejo, con aguanieve y bolsas de agua.

Un interior de aguanieve y bolsas de agua

El modelo propuesto presenta un interior compuesto principalmente de aguanieve espesa, con menos agua líquida de lo esperado. Esta mezcla explica el retraso observado en la deformación, pero aún contiene agua suficiente para permitir que Titán se transforme bajo la atracción gravitatoria.

Petricca llegó a esta conclusión midiendo la frecuencia de las ondas de radio provenientes de Cassini durante los sobrevuelos de Titán, mientras que Journaux aportó datos de termodinámica de agua y minerales bajo presión extrema, simulados en su laboratorio de física criomineral planetaria en la Universidad de Washington.

Implicaciones para la búsqueda de vida

Aunque la idea de un océano global impulsó la búsqueda de vida en Titán, los nuevos hallazgos podrían aumentar las probabilidades de encontrar organismos simples. Los análisis sugieren que las bolsas de agua dulce en el interior podrían alcanzar temperaturas de hasta 20 °C, con nutrientes concentrados en volúmenes reducidos, lo que facilitaría el crecimiento de microorganismos.

“En lugar de un océano abierto como el de la Tierra, probablemente estemos viendo algo más parecido al hielo marino o acuíferos del Ártico”, explicó Journaux.

Si bien es poco probable encontrar peces nadando en canales fangosos, la vida en Titán podría asemejarse a los ecosistemas polares de la Tierra, adaptados a condiciones extremas.

El reanálisis de los datos de Cassini redefine nuestra comprensión de Titán: no habría un océano global bajo su superficie, sino un interior complejo de hielo, aguanieve y bolsas de agua. Este hallazgo no descarta la posibilidad de vida, sino que abre nuevas perspectivas sobre cómo podría desarrollarse en ambientes extremos.

La misión Dragonfly, prevista para 2028, será clave para confirmar estas hipótesis y acercarnos a una respuesta definitiva sobre uno de los mundos más fascinantes del sistema solar.

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