La reciente cadena de terremotos en Venezuela ha puesto en el centro de atención la actividad sísmica en América del Sur, destacando la vulnerabilidad de ciertas regiones frente a movimientos telúricos. Aunque Argentina se encuentra a cierta distancia del encuentro entre la placa del Caribe y la Sudamericana, el país es conocido por su alta actividad sísmica, especialmente a lo largo de la Cordillera de los Andes.
Los estudios del Instituto Nacional de Prevención Sísmica revelan que el riesgo sísmico aumenta de manera significativa desde el centro hacia el oeste del territorio argentino.
Provincias argentinas con mayor riesgo de terremotos
El doblete sísmico en Venezuela ocurrió debido a la ruptura de segmentos cercanos de una falla activa. En contraste, en Argentina, los sismos son principalmente el resultado de la subducción de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana, un proceso geológico que ha dado forma a la Cordillera de los Andes durante millones de años.
Victor García, presidente del INPRES, explica que “en Argentina, el oeste del país concentra prácticamente toda la amenaza sísmica. Si bien los terremotos no se pueden predecir, es posible identificar las áreas con mayor probabilidad de eventos significativos”.
Las seis provincias argentinas con mayor riesgo sísmico son:
- San Juan
- Mendoza
- La Rioja
- Catamarca
- Salta
- Jujuy
En un segundo nivel de riesgo se encuentran: San Luis, Tucumán, Córdoba y Neuquén, donde también pueden ocurrir terremotos moderados.
Los eventos sísmicos recientes en Venezuela recuerdan que América del Sur es una región tectónicamente activa. Aunque esto no significa un riesgo inmediato para Argentina, resalta la necesidad de mantener actualizados los sistemas de monitoreo sísmico.
La doctora Patricia Alvarado, experta en Geofísica, señala que la sismicidad en Argentina está estrechamente relacionada con la interacción tectónica entre la placa de Nazca y la Sudamericana, un proceso que deforma la corteza terrestre y origina los terremotos en el oeste del país.
La historia sísmica de Argentina está marcada por eventos significativos, como el terremoto de Mendoza en 1861, que devastó la ciudad, y el de San Juan en 1944, que motivó una revisión de las normas de construcción antisísmica.
Gracias a los avances en ingeniería sísmica, el riesgo estructural ha disminuido en las provincias más vulnerables, aunque los especialistas insisten en que la prevención sigue siendo esencial para mitigar los daños.



