Investigadores de la Universidad Federal de Roraima (UFRR) confirmaron el hallazgo de huellas fósiles de dinosaurios en la Amazonia brasileña. Es la primera evidencia registrada en esta región, un hecho que amplía el mapa paleontológico de Sudamérica, lo que representa un descubrimiento sin precedentes.
Las marcas, conservadas en formaciones rocosas del municipio de Bonfim, muestran una amplia variedad de tamaños y formas. Este detalle sugiere la convivencia de distintas especies de dinosaurios, tanto grandes herbívoros como pequeños carnívoros.
El descubrimiento comenzó en 2011, cuando un afloramiento de arenisca llamó la atención de un geólogo local. Catorce años después, los estudios multidisciplinarios confirmaron que las huellas pertenecen a animales que habitaron la zona hace unos 110 millones de años, durante el período Cretácico.

Un viaje al pasado de la Amazonia prehistórica con un descubrimiento sin precedentes
Los fósiles fueron hallados en una zona hoy ocupada por comunidades rurales e indígenas, cerca de la frontera con Guyana. En aquel entonces, el paisaje era muy diferente: una planicie húmeda, atravesada por ríos y rodeada de vegetación primitiva.
Las investigaciones revelaron al menos seis géneros distintos de dinosaurios, aunque los especialistas estiman que la diversidad podría haber sido mucho mayor. Esto convierte al norte de Roraima en un nuevo punto clave para comprender cómo se distribuían estas especies en el antiguo supercontinente Gondwana.
Además de las huellas, se encontraron restos de flora fosilizada. Estos fragmentos vegetales demuestran la coexistencia de coníferas, helechos y plantas con flores, especies que moldearon los orígenes del actual bioma del lavrado, característico del norte amazónico.
Características y origen de los gigantes amazónicos
Las huellas pertenecen a diferentes tipos de dinosaurios, entre ellos posibles saurópodos y terópodos. Los primeros eran enormes herbívoros de cuello largo, mientras que los segundos correspondían a depredadores ágiles de menor tamaño.
El conjunto de rastros fósiles indica que estos animales se desplazaban por llanuras fluviales, donde el barro húmedo permitió conservar sus pisadas con notable precisión. El clima cálido y húmedo de la época favoreció la formación de las capas de sedimento que hoy las protegen.
Este hallazgo confirma que la Amazonia no fue solo un refugio de biodiversidad moderna, sino también un territorio donde prosperaron ecosistemas dominados por gigantes prehistóricos, adaptados a un ambiente de transición entre selvas y sabanas primitivas.

Aportes científicos y ecológicos del descubrimiento
El estudio ofrece información clave para comprender cómo evolucionaron los ecosistemas tropicales de Sudamérica. Al vincular las huellas con restos de vegetación, los científicos logran reconstruir la dinámica ambiental que existía millones de años antes del surgimiento de la selva actual.
Este tipo de evidencia permite trazar una línea de continuidad ecológica: los antiguos paisajes cretácicos dieron origen a sistemas que, transformados, aún sostienen una alta biodiversidad. La investigación también aporta datos sobre el movimiento de las placas tectónicas y los cambios climáticos que modelaron la región amazónica.
A nivel institucional, el proyecto impulsa la creación de un parque geológico en Roraima. Su objetivo es conservar el sitio, fomentar el turismo científico y promover la educación ambiental. Con ello, el descubrimiento se convierte no solo en un logro paleontológico, sino también en una oportunidad para fortalecer la conciencia ecológica y el vínculo entre ciencia y comunidad.



