Las olas de calor extremas que desencadenan sequías repentinas se están extendiendo por todo el planeta a un ritmo alarmante. Un estudio reciente de investigadores de Corea del Sur y Australia, publicado en Science Advances (6 de marzo de 2025), demuestra cómo estos fenómenos compuestos —calor extremo seguido de sequía— aumentan a medida que el planeta se calienta.
En la década de 1980, estos episodios afectaban apenas al 2,5% de la superficie terrestre cada año. En 2023, la cifra subió al 16,7%, con una media decenal del 7,9%. Los autores advierten que el ritmo de aceleración es aún más preocupante: en los últimos 22 años, la tasa de crecimiento ha sido ocho veces superior a la registrada en las dos décadas anteriores.
Sequías relámpago: más dañinas que las ordinarias
Cuando el calor llega primero, las sequías se vuelven más intensas y repentinas. Estas “sequías relámpago” se producen porque el aire más cálido extrae agua del suelo con mayor rapidez, dejando poco margen de preparación para la población y el sector agrícola.
El climatólogo Yong Jun Kim explica que este tipo de sequías son más destructivas que las tradicionales, ya que se instalan de forma súbita y amplifican el riesgo de incendios forestales.
Ejemplos recientes
Los investigadores citan varios episodios emblemáticos:
- Ola de calor rusa de 2010, que derivó en incendios devastadores.
- Incendios de Australia 2019-2020, alimentados por calor extremo y sequía.
- Cúpula de calor del noroeste del Pacífico en 2021, con temperaturas cercanas a 50 ºC en Lytton (Canadá), seguida de incendios que destruyeron la localidad.
- Sequía del río Yangtsé en China (2022).
- Sequía récord en la Amazonia (2023-2024).

Regiones más afectadas
El estudio señala que los mayores aumentos de sequías desencadenadas por calor se registran en:
- Sudamérica.
- Oeste de Canadá y Alaska.
- Oeste de Estados Unidos.
- África central y oriental.
Los investigadores detectaron un punto de inflexión alrededor del año 2000, coincidente con el rápido calentamiento del Ártico, la pérdida de hielo marino y el descenso de la nieve primaveral en el hemisferio norte.
El papel de El Niño
El fenómeno de El Niño, que calienta partes del Pacífico y altera el clima global, también juega un papel clave. El episodio intenso de 1997-1998 pudo haber acelerado cambios en los sistemas climáticos y ecológicos de la Tierra. Modelos recientes pronostican otro evento fuerte hacia finales de este año, lo que podría intensificar aún más los extremos compuestos.
El estudio confirma que el cambio climático no solo aumenta la frecuencia de olas de calor y sequías, sino que también modifica la forma en que interactúan, generando riesgos más graves y repentinos. La combinación de calor extremo, sequía y riesgo de incendios forestales constituye un cóctel climático peligroso que amenaza la seguridad alimentaria, la salud pública y la estabilidad de ecosistemas enteros.



