Especialistas del CONICET y la Universidad de Buenos Aires llevaron adelante la primera campaña arqueológica sistemática en la Isla de los Estados. Este territorio remoto, caracterizado por su aislamiento, fue objeto de un relevamiento integral enfocado en faros, presidios y asentamientos del siglo XIX.
Asimismo, la expedición contó con apoyo logístico de la Armada Argentina, lo que permitió acceder a zonas de difícil alcance. En ese contexto, participaron equipos interdisciplinarios en el marco del proyecto “Aquí hay dragones”, orientado a reconstruir la ocupación humana en ambientes extremos.
Por otro lado, el estudio buscó comprender el rol de la isla como punto estratégico en el Atlántico Sur. En particular, se analizó su vínculo con la colonia de Luis Vernet en las Islas Malvinas, destacando su función como base de abastecimiento.

Sitios relevados y huellas materiales del pasado
Durante la campaña, los investigadores recorrieron el Faro San Juan de Salvamento, inaugurado en 1884, donde identificaron estructuras asociadas a la vida cotidiana de los fareros. Además, registraron restos de una subprefectura, una cárcel y una estación meteorológica activa entre 1884 y 1898.
En Puerto Cook, donde posteriormente se trasladó el presidio, se hallaron estructuras carcelarias y materiales de uso diario. Entre ellos, se destacan vainas de cartuchos Remington y diversos elementos vinculados a la actividad laboral en el penal.
De igual manera, en Bahía Franklin se relevaron restos asociados a posibles naufragios del siglo XIX. En consecuencia, aparecieron objetos como botellas, chapas y maderas, lo que evidencia la intensa circulación marítima en la zona.
Características geoambientales de un entorno extremo
La Isla de los Estados presenta condiciones geoambientales singulares que condicionaron la ocupación humana. En primer lugar, su clima subantártico se caracteriza por fuertes vientos, alta humedad y precipitaciones frecuentes a lo largo del año.
Por otra parte, el relieve es montañoso y escarpado, con costas irregulares que dificultan el acceso. A su vez, la densa cobertura de bosques y turberas conforma ecosistemas frágiles, donde predominan especies adaptadas a condiciones extremas.
En este sentido, la biodiversidad marina y terrestre cumple un rol clave en el equilibrio ecológico. Sin embargo, la exposición a tormentas y el aislamiento geográfico convierten a la isla en un laboratorio natural para estudiar la interacción entre ambiente y actividad humana.

Investigación, patrimonio y proyección científica
Los datos obtenidos permitirán reconstruir circuitos de abastecimiento y redes de circulación entre la Isla de los Estados y las Malvinas durante el siglo XIX. De este modo, se podrá comprender mejor la dinámica económica y social de la región.
Al mismo tiempo, los investigadores prevén procesar la información para futuras publicaciones científicas. En consecuencia, se espera que los resultados aporten nuevas perspectivas sobre la ocupación humana en territorios australes.
Finalmente, el proyecto cuenta con el respaldo de instituciones como el CONICET, la UBA, el CADIC y la Universidad de Cádiz. Así, la investigación no solo fortalece el conocimiento histórico, sino que también promueve la conservación del patrimonio cultural y ambiental.



