La familia que ya rescató a más de mil aves silvestres

Hace siete años, Milagros (hoy tiene 19 años) venía de la escuela y se encontró en el camino con una bandurria austral que había sido atropellada por un auto y tenía una fractura en un ala. Su mamá, junto a un grupo de vecinos, la llevaron a la médica veterinaria, Bárbara Bartolomé, que la operó y luego acompañó su proceso de recuperación.

Ese fue el inicio de la labor ad honorem y a puro corazón que realiza desde entonces María Cecilia Muros (mamá de Mily) junto a su marido y sus dos hijos, en San Martín de los Andes. Ya hicieron 1.200 rescates y rehabilitaciones de aves.

Donde reciben los animales es un espacio acondicionado en su casa. Hoy, entre jaulas, en su jardín hay una veintena de aves que por sus heridas no pudieron ser liberadas y que son cuidadas cada día minuciosamente.

“Tenemos jaulas y caniles, que se limpian regularmente. Es un lugar sin perros. Hay una fuente con agua y un lugar con césped”, describió sobre el sitio en su casa, según la historia que reproduce el diario de Río Negro.

En estos años, por mencionar algunas, rescataron bandurrias, chimangos, teros, loros barranqueros, cachañas, búhos, caburés, gorriones, cernícalos, colibríes, martines pescadores, garzas brujas y gallaretas. También algunas domésticas como ganzos y patos.

“Con la necesidad que iba surgiendo por distintos accidente o problemas, decidimos armar un grupo de aves en Facebook que se llama Por amor a las aves. Cuando alguien encuentra alguna que necesita ayuda, nos avisan”, contó María Cecilia Muros.

Dijo que todo lo hace con la supervisión de la veterinaria, que se dedica a la fauna silvestre. La profesional fue quien le enseñó cómo curar las aves y cuáles son los cuidados básicos.

María Cecilia contó que en las tareas con las aves la acompañan su marido Luis, y sus dos hijos, Santiago (14) y Milagros (19).
Hoy, los insumos los cubre en parte con lo que recibe por algunos trabajos de jardinería que realiza.

Desde el año pasado empecé en el verano con arreglos de jardines. Me sirve para conseguir dinero para alimentar a las aves porque lo más caro de todo es la alimentación. Hemos estado desbordados pero no puedo decir que no cuando me traen un ave”, contó.

Unos amigos ayudaron a la familia con la realización de ferias y algunos acercaron donaciones.

“Cuando yo estoy trabajando, mi hija hace la limpieza de las jaulas, les da de comer o si es necesario, da alguna medicación”, dijo Muros.

Reveló que la principal causa por la que las aves se lastiman es por golpes de autos. “Muchos son turistas que desconocen la idiosincrasia de los animales como las bandurrias. En esta época los juveniles están con las mamás y como no reaccionan para salir volando, los automovilistas (sobre todo turistas) vienen rápido y las atropellan”, explicó.

También es frecuente que lleguen heridas por ataques de perros y gatos.
La rescatista dentro de su labor busca además concientizar sobre el cuidado de las aves. Ya dio charlas en las escuela primaria, sobre todo en contra del uso de las gomeras, y este año tiene proyectado hacerlo también en los colegios secundarios.

Hay una cantidad de fauna que necesita atención, sobre todo las aves”, indicó Bárbara Bartolomé, que además de las aves atiende otras especies como piches, peludos, gatos monteses y reptiles.

“Cecilia es mi mano derecha como rescatista”, indicó la veterinaria, que desde su casa en Junín de los Andes, mantiene un contacto permanente con Cecilia que trabaja desde San Martín de los Andes.

Bárbara también recibe la ayuda de su marido que también es veterinario y de otros colegas de la ciudad que prestan sus instalaciones en algunos casos cuando es necesario operar.

Toda una cadena de solidaridad para la conservación, preservación y rehabilitación de aves, sobre todo autóctonas.

Cuando las liberás es hermoso porque es como un trabajo terminado y misión cumplida, y por otro te da un poco de miedo de que les pueda pasar algo. Nosotros confiamos en la naturaleza que es sabia”, confesó María Cecilia Muros y al hacerlo su voz se entrecorta, conteniendo la emoción al recordar cada regreso de los animales a su hábitat.

Para que el proceso hacia la libertad sea exitoso es importante, entre otras cosas, cuidar la impronta de cada animal. Esto se refiere a un proceso biológico por el cual las crías se identifican con los adultos de su especie y en el que a la vez adquieren aprendizajes básicos para la supervivencia.

“En la cría de pichones, sobre todo de aves rapaces, hay que tener en cuenta la impronta. Podés criar un búho y que se te pose en la mano, pero después no se podrá liberar porque va a buscar gente para que le dé de comer. Entonces implica un trabajo médico, clínico y de rehabilitación”, explicó la veterinaria.

Amplió que tuvieron “pichones muy chicos que han estado poco tiempo con sus padres, entonces lo más importante es criarlo lo más despegado posible. Así al momento de liberarlos tienen el rechazo suficiente al ser humano como para no acercarse”, amplió.

Muchas liberaciones las hacen en Junín de los Andes y en menor medida en San Martín de los Andes. Cuando es posible se evita trasladar.
“Siempre se trata de liberar en el mismo lugar donde fueron rescatados, pero a veces no se puede”, dijo la veterinaria.

La elección del momento es muy variable y eso depende del tipo de lesión.

“Cuando hay animales con fracturas que no se puede resolver, sobre todo en alas, es imposible liberarlas”, marcó Bartolomé.
Si bien aseguró que es complejo, destacó que han “ tenido buenos resultados” en la atención que brindan.

Las historias de cada rescate varían por doquier. Al ser consultada por el diario Río Negro, la mujer contó sobre uno de los más recientes rescates donde un chimango había quedado atrapado en una alcantarilla.

“Unos turistas avisaron y cuando fuimos no pudimos sacarlo y tuvimos que llamar a los bomberos para que lo saquen”, relató.

En toda su labor hay muchos casos distintos. “Hay aves que llegan desnutridas entonces no solo hay que curar las heridas sino hacer que se fortalezcan. Se busca que a la hora de irse esté alimentada, fortalecida y curada”, comentó Muros.

En otros casos es necesario hacer alguna cirugía. “Llegan aves que hay que operar si o si, por ejemplo con una fractura expuesta en un ala o en una pata. Nos pasó que un día recibimos en casa a una y al otro día hubo que llevarla a Junín de los Andes con Bárbara, para que la pueda atender mejor. Las cirugías las hace Bárbara y sin cobrar ni un peso”, señaló Maria Cecilia.

Como hacen todo a pulmón, una de las cuestiones con las que deben lidiar cada día es con el aspecto económico.Si bien destacan que reciben un gran número de donaciones de vecinos que colaboran con su misión con las aves, cada vez se le hace más cuesta arriba, sobre todo por el encarecimiento de los alimentos.

Por semana gastan 3.000 pesos en comida, medicamentos y elementos de primeros auxilios. Cuando hay que hacer alguna cirugía lo costean los propios rescatistas.

Algunos de los elementos que les resultan útil para las aves son papel de diario, cajas, madera y alambre. También jaulas y caniles.

“La gente es muy solidaria y hay una radio que nos ayuda con la difusión”, contaron las rescatistas. Tienen una cuenta en un comercio donde se puede depositar una donación.

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