Las energías renovables tienen un futuro sólido en gran parte de África

A medida que África se prepara para triplicar la demanda de electricidad para 2030, un estudio de la Universidad de California-Berkeley, en Estados Unidos, traza una estrategia viable para el desarrollo de la energía eólica y solar, al tiempo que reduce la dependencia del continente en los combustibles fósiles y los costos de construcción, como se informa en un artículo publicado en la edición digital de ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’.

 
Utilizando herramientas de cartografía de recursos, un equipo de la Universidad de California y el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley evaluó el potencial de grandes parques eólicos y solares en 21 países de África meridional y oriental, entre los que están más de la mitad de la población africana, Libia y Egipto en el norte y a lo largo de la costa oriental hasta Sudáfrica.
 
Estos expertos concluyen que, con la estrategia adecuada de instalación de plantas de energía solar y eólica, la mayoría de las naciones africanas podría reducir el número de centrales eléctricas convencionales, como las de los combustibles fósiles y la energía hidroeléctrica, que necesitan construir, reduciendo los costes de infraestructuras en miles de millones de dólares.
 
‘El gran hallazgo sorprendente es que los recursos eólicos y solares en África son absolutamente gigantescos y algo que se podría aprovechar por un costo relativamente bajo –afirma el autor principal Duncan Callaway, profesor asociado de Energía y Recursos de UC Berkeley y científico en el Laboratorio de Bekeley–. Pero tenemos que estar pensando ahora en estrategias para fomentar la colaboración internacional con el fin de aprovechar los recursos de manera que se maximice su potencial mientras se minimiza su impacto’.
 
TENER EN CUENTA EL MOMENTO DE LA GENERACIÓN EÓLICA
 
El principal problema, según Callaway, es que los recursos generadores de energía no se distribuyen igualmente en África. La energía hidroeléctrica es la principal fuente de energía para un tercio de las naciones africanas, pero no está disponible en todos los países y el cambio climático lo convierte en un recurso incierto debido a las sequías más frecuentes. Las mejores áreas para la energía eólica y solar no están equitativamente distribuidas y muchos argumentan que el viento y la energía solar son demasiado erráticos y poco fiables.
 
Sin embargo, basándose en el análisis del equipo, la elección de lugares con viento para que coincidan el momento de la generación eólica con la demanda de electricidad es menos costosa en general que seleccionar sitios con la mayor producción de energía eólica. Suponiendo líneas de transmisión adecuadas, las estrategias que tienen en cuenta el momento de la generación eólica dan como resultado una distribución más equitativa de la capacidad eólica entre países que los que maximizan la producción de energía.
 
Es importante destacar que, tanto el comercio de energía como el emplazamiento para igualar la generación con la demanda reducen los costos del sistema de desarrollo de parques eólicos de bajo impacto. ‘Si se toma la estrategia de ubicar todos estos sistemas de tal manera que su producción total se correlacione bien con la demanda de electricidad, entonces se ahorrarán cientos de millones a miles de millones de dólares al año en comparación con el costo de la infraestructura eléctricas dominadas por centrales de carbón o hidroeléctricas –dice Callaway–. También se obtendrá una distribución más equitativa de las fuentes de generación en estos países’.
 
‘Juntos, el comercio internacional de energía y el emplazamiento estratégico pueden permitir a los países africanos buscar potencial del viento y solar que pueden competir con las tecnologías convencionales como el carbón y la energía hidroeléctrica’, enfatiza Grace Wu, estudiante universitaria de la UC Berkeley y una de las principales autoras del estudio junto a su compañero estudiante graduado Ranjit Deshmukh.
 
El equipo se propuso abordar una cuestión clave para los planificadores de electricidad en África y la comunidad internacional, que ayuda a financiar estos proyectos: cómo deben estos países invertir sus preciosos y limitados dólares para abordar con mayor eficacia los desafíos de la electricidad y el clima en las próximas décadas. El temor, según Callaway, es que la dependencia de las centrales hidroeléctricas y los combustibles fósiles tradicionales –en su mayor parte las centrales de carbón– llevará hacia fuentes de energía renovables más respetuosas con el medio ambiente en el futuro.
 
 

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