Chau plásticos: la investigación pionera del CONICET que busca reemplazar los derivados del petróleo con biodegradables

Investigadores del CONICET trabajan en un estudio clave para reemplazar los plásticos derivados del petróleo en polímeros biodegradables.

El objetivo es que estos «revolucionar» la industria agroalimentaria argentina.

El proyecto busca sustituir los plásticos contaminantes por materiales sostenibles extraídos de fuentes naturales.

El equipo es liderado por María Guadalupe García del Instituto de Física Aplicada «Dr. Jorge Andrés Zgrablich» (CONICET-UNSL).

En particular, este desarrolla alternativas renovables para envases, mulching agrícola y otros productos tradicionalmente fabricados con polietileno.

El CPA del CONICET Yiancarlos Kolojkied y la investigadora María Guadalupe García. FUENTE: CONICET Fotografía.
El CPA del CONICET Yiancarlos Kolojkied y la investigadora María Guadalupe García. FUENTE: CONICET Fotografía.

De los plásticos a la naturaleza: la transición necesaria que desarrolla el CONICET

En las últimas décadas, la industria del packaging adoptó los plásticos derivados del petróleo por su bajo costo, resistencia y versatilidad.

Sin embargo, estos materiales no biodegradables generan enormes cantidades de residuos que contaminan el ambiente.

Por ello, el estudio del CONICET, se enfoca «en polímeros que se obtengan de fuentes naturales, que son renovables y biodegradables«, explica García.

Además, se busca que estos «tengan la misma función que los plásticos que hoy encontramos tanto en envases alimentarios como en la industria agrícola de producción de alimentos«, explica García.

Estos polímeros naturales se encuentran en frutas, paredes celulares vegetales y algunas estructuras animales.

Se trata de compuestos orgánicos de alto peso molecular que ofrecen propiedades similares a los plásticos convencionales, pero sin impacto ambiental negativo.

Las aplicaciones concretas en agricultura y alimentación

El Laboratorio de Membranas y Biomateriales (BIOMAT) del CONICET desarrolla soluciones específicas para distintos sectores:

Envases activos y etiquetas inteligentes:

  • Prolongan la vida útil de alimentos sin conservantes químicos
  • Eliminan la necesidad de aromatizantes y colorantes artificiales
  • Reducen el uso de plásticos contaminantes en la cadena alimentaria
Bandeja de plástico PET. Foto: First Packing S.R.L.

Mulching biodegradable para horticultura:

  • Controla malezas sin agroquímicos
  • Contribuye al crecimiento de hortalizas
  • Se degrada naturalmente sin dejar residuos

Sistemas de liberación controlada:

  • Biofertilizantes de aplicación gradual
  • Geles sostenibles para remediación ambiental
  • Filtros para purificación de agua industrial

García destaca, además, un beneficio adicional: «El primer gran beneficio tiene que ver con reducir los niveles de contaminación«.

«Por otro lado, buscamos un beneficio, por ejemplo, en el envasado de un alimento, contribuyendo a la prolongación de su vida útil sin el agregado de compuestos químicos«, agregó.

Trayectoria y proyección del proyecto del CONICET

El BIOMAT surgió en 1983 con José Marchese y actualmente lo dirige Nelio Ariel Ochoa, investigador del CONICET.

El grupo transitó desde el desarrollo de membranas poliméricas para purificación de agua hacia los biopolímeros como alternativa sustentable.

«Nosotros inicialmente éramos un grupo de desarrollo de membranas, películas poliméricas como filtros para purificación de agua, para remoción de iones tóxicos de efluentes industriales y después fuimos virando hacia la industria agroalimentaria y los biopolímeros«, señala García.

El laboratorio integra profesionales de diversas disciplinas: químicos, ingenieros en alimentos, bioquímicos y biólogos moleculares.

Esta diversidad de especialidades permite abordar los desafíos desde múltiples perspectivas.

El equipo ya concretó un convenio de I+D+Licencia con la empresa FluidsControl y proyectos de vinculación tecnológica con el gobierno de San Luis para atender problemas de vulnerabilidad social.

Aunque resta investigación y desarrollo, García mantiene una visión clara: «El gran objetivo del grupo es poder ver lo que desarrollan en el laboratorio un día aplicado en huertas y, sobre todo, en el mercado».

La iniciativa del CONICET representa un paso fundamental hacia una economía circular que reemplace los plásticos contaminantes por materiales que respeten los ciclos naturales del planeta.

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