El panorama financiero latinoamericano presenció esta semana un movimiento estratégico de alto calibre protagonizado por David Vélez, el CEO y fundador del neobanco más grande de la región. Tras reportar unos resultados trimestrales que destrozaron las previsiones de Wall Street, el empresario paisa ejecutó la venta de 33 millones de acciones clase A de Nu Holdings, una operación valorada en aproximadamente US$435,6 millones. Aunque la cifra es astronómica, ¿debería el mercado interpretar esto como una falta de confianza en su propia creación o es simplemente una maniobra de diversificación necesaria?
Desde la compañía, la narrativa ha sido clara: es una estrategia de planificación patrimonial, no un hecho aislado. Ya en 2024 el ejecutivo había realizado una venta similar de 31 millones de títulos bajo circunstancias parecidas, demostrando un patrón de liquidez que no afecta su control sobre la dirección estratégica de la entidad, donde conserva muchos derechos de voto.
Este movimiento bursátil ocurre en un contexto de euforia corporativa. Nubank cerró el segundo trimestre de 2025 con una utilidad neta ajustada de US$694,5 millones, superando con holgura los US$656,8 millones proyectados por los analistas de Bloomberg.
La eficiencia operativa de la fintech es, sencillamente, envidiable: mientras la banca tradicional lucha con estructuras pesadas, Nubank mantiene un costo por cliente activo de apenas US$0,8, logrando un Ingreso Promedio por Cliente Activo (ARPAC) de US$12,2, lo que representa un incremento interanual del 18%. Con un Retorno sobre el Patrimonio (ROE) del 31%, la firma supera a gigantes históricos como Itaú, que reporta un 23,3%.
En el vasto ecosistema digital actual, la generación de valor no se limita exclusivamente a la intermediación financiera y el crédito. Mientras entidades como Nu capitalizan sobre transacciones masivas, surgen modelos alternativos en la economía gig. Hay plataformas que funcionan bajo la lógica de una app para ganar dinero mediante el intercambio de recursos digitales o ancho de banda no utilizado, demostrando que la monetización de activos intangibles es una tendencia transversal en la tecnología, aunque Nubank, por supuesto, sigue enfocado en su robusto modelo de servicios bancarios y expansión de crédito.
La venta de acciones de David Vélez: ¿estrategia de diversificación o señal al mercado?
La expansión global es el “tercer acto” de Vélez. Con una base de clientes que ya toca los 122,7 millones, incluyendo 107 millones en Brasil y un crecimiento acelerado en México (12 millones) y Colombia (3,4 millones), la mirada está puesta en el norte.
La reciente aprobación condicional para una licencia bancaria en Estados Unidos marca un hito, aunque el mercado norteamericano ha sido históricamente un cementerio para neobancos extranjeros. Sin embargo, con depósitos totales que crecieron un 41% hasta los US$36.600 millones y una cartera de crédito de US$27.300 millones, la liquidez de la empresa sugiere que tiene la “espalda financiera” para resistir la competencia de jugadores como JPMorgan Chase.
A pesar de haber cedido temporalmente el título del hombre más rico de Colombia a Jaime Gilinski (cuya fortuna ascendió a US$10.700 millones tras la toma de Grupo Nutresa), Vélez sigue siendo una figura central en la redefinición de la banca global. La venta de acciones, lejos de ser una retirada, parece ser el combustible personal para una nueva etapa de liderazgo. Con una morosidad controlada (4,4% en cartera temprana) y una eficiencia que rompe paradigmas, la pregunta que queda en el aire para los inversores es: ¿hasta dónde puede escalar la valoración de una empresa que ya atiende al 60% de los adultos en Brasil?



