Una startup argentina logró transformar los desechos de langostinos en una tecnología revolucionaria para el agro y fue premiada por la ONU.
Se trata de Unibaio, la empresa distinguida como «Innovación del Año» en el World Food Forum 2025 de Naciones Unidas.
Su desarrollo científico permite a los agricultores reducir hasta un 50% el uso de agroquímicos sin perder productividad.
Por ello, fue seleccionada entre más de 1.500 startups de todo el mundo que buscan transformar la manera de producir, procesar y consumir alimentos.

Del laboratorio al campo, la startup argentina que hace ciencia aplicada
El proyecto inicial de esta startup argentina nació en 2011 como una investigación científica.
Lo hizo de la mano de Claudia Casalongue, investigadora superior del CONICET y doctora en fisiología vegetal.
Durante años, Casalongue se dedicó a buscar maneras de ayudar y proteger a las plantas ante enfermedades sin abusar del uso de químicos.
Para ello, se especializó en su sistema hormonal.
Fue así como encontró un polímero de origen natural que las plantas detectan y reciben muy bien: el quitosano.
«Más allá del nombre científico y complejo, lo curioso es que este polímero también está en la superficie de los desechos de langostinos, que se acumulan en la Patagonia y que muchas de las pesqueras provienen de Mar del Plata», explicó Matías Figliozzi, economista y CEO de Unibaio.
Este mismo polímero presente en los caparazones de langostinos se encuentra también en los caparazones de los insectos y hongos que atacan a los vegetales.
Entonces, al detectarlo, las plantas activan automáticamente su sistema de defensa natural.
«A Claudia se le ocurrió que se podía aprovechar eso para ‘engañar’ a las plantas, hacerles creer que van a ser atacadas y que tengan un rol activo en su protección«, detalló Figliozzi.
Al estimular este mecanismo, el vegetal absorbe mucho mejor los fitosanitarios y otros productos utilizados.
Esto mejora significativamente la eficiencia y reduce la cantidad de químicos sin perder rendimiento, que es justamente lo que buscan los productores.
«Se puede utilizar la mitad de glifosato, que es el herbicida más común, y tener el mismo efecto en el campo», afirmó el CEO de la startup argentina.
Nanotecnología para potenciar residuos
Posteriormente se sumó al proyecto la ingeniera Vera Álvarez, doctora en Ciencia de Materiales e investigadora del CONICET, con una vasta trayectoria en el campo de la nanotecnología.
Álvarez es también vicedirectora del Instituto de Investigación en Ciencia y Tecnología de Materiales (INTEMA-CONICET-UNMDP) y fue la primera mujer designada presidenta de la Fundación Argentina de Nanotecnología (FAN).
Como socia fundadora de Unibaio, Álvarez se encargó de modificar este polímero a escala muy pequeña, para generarle nuevas propiedades y volverlo más útil en el logro del objetivo.
«Todo lo que no comemos —el caparazón y la cabeza del langostino— se está acumulando en montañas en Mar del Plata y en la Patagonia», expresó Figliozzi sobre la materia prima que utilizan.

El camino de Unibaio, de la investigación al mercado global
Tras cumplir con los objetivos científicos, comenzó a motivarlas la idea de que la investigación no se resumiera a un paper científico.
Por ello, las desarrolladoras apostaron a que la ciencia llegue realmente a los productores agrícolas y al público en general.
«Esto se logra a través de un producto que la gente pueda comprar. Y eso es un negocio», alegó Figliozzi.
Fue entonces cuando se acercaron a la incubadora de la Universidad Nacional de Mar del Plata, que contribuyó en la creación de la startup.
También se asociaron las cofundadoras Daniela Caprile, doctora en Ciencia y Tecnología, y Florencia Salcedo, doctora en Ciencias Biológicas.
«Durante la pandemia me sumé como economista para contribuir a pensar en la tecnología de una manera global, porque hay una oportunidad de aplicar esto en todo el mundo«, sostuvo Figliozzi por su parte.
Así, En 2022 comenzaron a recibir las primeras inversiones privadas y a trabajar en el concepto del producto que querían crear.
Así nació Turbo Charge, lanzado este año al mercado. «Lo pueden usar los paperos de Mar del Plata para potenciar y mejorar la eficiencia de los fungicidas más comunes», detalló el CEO.
Y destacó: «Tendrán mayor cantidad de papas, pero utilizando menos químico«.
La startup argentina que se expande al mundo
La tecnología ya se implementó en Chile, en plantaciones de tomate, con la firma de alimentos más destacada de aquel país.
En abril, además, comenzaron a trabajar con el productor de manzanas más grande de la costa este de Estados Unidos, expandiendo así su alcance internacional.
Actualmente, Unibaio está conformada por cinco cofundadores y cuenta en total con quince empleados.
La empresa engloba científicos de varias disciplinas, entre las que se destacan química, biología y materiales.
«A la vez, estamos haciendo pruebas con algunas de las agroquímicas más grandes del mundo para que incluyan nuestro polvo —que es, físicamente, un ‘polvito’— en sus productos, y así ayudarlos a crear nuevas tecnologías más eficientes para todo el mundo», proyectó Figliozzi.

Reconocimiento internacional y proyección futura para la startup argentina Unibaio
En ese camino se presentaron al World Food Forum, competencia organizada por las Naciones Unidas.
Esta edición incluyó a 1.500 startups de todo el mundo, con tecnologías de agricultura y de alimentación.
El proyecto avanzó hasta quedar entre los ocho finalistas, y fueron invitados a presentarlo en Roma, Italia, en el encuentro anual de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) que tuvo lugar del 10 al 17 de octubre.
La startup argentina Unibaio fue evaluado por un jurado que finalmente otorgó al equipo el premio a la Innovación del Año.
«Es un gran reconocimiento. Tiene un premio económico, pero lo realmente relevante es la visibilidad», destacó Figliozzi.
Y destacó, sobre todo, «la oportunidad de conectar con gente que toma decisiones a escala global, como los más grandes del mundo de los agroquímicos y personas pertenecientes al gobierno», destacó Figliozzi.
El proyecto está abocado a la resolución de la problemática que poseen las grandes empresas de alimentos, «como McCain, productora de papas fritas, o la elaboradora de café más grande del mundo», detallan.
Se trata de «corporaciones muy grandes, que intentan tener las prácticas más sustentables posibles porque sus clientes —nosotros, los consumidores— así lo demandan«.
Teniendo en cuenta los cambios en la regulatoria global, los empresarios leen que el mercado va en dirección a reducir la utilización de químicos en la comida.
«Entonces presionan a los agricultores, pero estos en general no tienen muchas alternativas: si dejan de aplicar productos químicos para proteger a los cultivos, o para nutrirlos, las plantas crecen menos y producen menos comida. Eso haría inviable el negocio agrícola«, sentenció el CEO.
Por ende, para los agricultores, el producto representa una gran oportunidad y están muy dispuestos a probarlo porque no les genera un riesgo adicional.



