La Policía Federal de Brasil interceptó en febrero a cuatro ciudadanos checos en el Aeropuerto Internacional de Guarulhos, San Pablo, con 214 ejemplares de cactus y semillas ocultos en latas de cerveza, bolsas de papel e incluso zapatos.
Las plantas pertenecían a siete especies nativas de Rio Grande do Sul, dos de ellas en peligro crítico de extinción: Parodia nothorauschii y Parodia neohorstii.
En marzo, una pareja alemana fue detenida en el Aeropuerto Salgado Filho de Porto Alegre con plántulas y semillas del género Frailea. El IBAMA los multó con 148.000 reales (29.000 dólares) por transportar patrimonio genético sin autorización.
En 2024, el ruso Alexey Filippov fue sorprendido recolectando cactus en el Parque Estatal Espinilho. Llevaba 98 muestras y fue acusado de contrabando y allanamiento en área protegida.
Perfil de los involucrados
Los ciudadanos checos y alemanes forman parte de grupos internacionales de aficionados a los cactus:
- Jaroslav Vich: expresidente de la Sociedad Checo-Eslovaca de Cultivadores de Cactus.
- Karel Slajs: recolectó cactus en México en la década de 2000.
- Vladimir Sorma: ofrecía semillas en redes sociales.
- Jörg Andreas Hofacker: expresidente de la Sociedad Alemana de Cactus, con especies nombradas en su honor (Parodia hofackeriana).
Todos ellos tienen trayectoria en coleccionismo y publicaciones especializadas, lo que refuerza la hipótesis de biopiratería organizada.
Impacto ambiental
La extracción ilegal de cactus representa una amenaza grave:
- Pérdida de biodiversidad: de las 70 especies registradas en Rio Grande do Sul, 52 están amenazadas y 14 son endémicas.
- Riesgo de extinción: cada planta extraída reduce poblaciones ya vulnerables; algunas tardan hasta 10 años en alcanzar madurez reproductiva.
- Alteración ecológica: la extracción masiva afecta la regeneración natural y la estabilidad de ecosistemas áridos.

Marco legal y tratados internacionales
Las especies están protegidas por la Convención CITES, que regula el comercio de fauna y flora silvestre. Para exportarlas se requiere autorización del IBAMA, que certifica que la transacción no compromete la supervivencia de la especie.
Además, la Ley de Biodiversidad de Brasil establece sanciones por la extracción y exportación ilegal de patrimonio genético. Los acusados enfrentan cargos por contrabando y delitos ambientales.
Perspectiva institucional
Autoridades brasileñas señalan que la biopiratería es un delito recurrente y difícil de controlar debido a la extensa frontera del país. Mariela Inês Secchi, de la Secretaría de Medio Ambiente de Rio Grande do Sul, lo describió como una “mentalidad colonial”, donde extranjeros creen poder llevarse recursos naturales sin autorización.
Los casos recientes en Brasil evidencian cómo la biopiratería amenaza especies únicas y en peligro de extinción. La extracción ilegal de cactus no solo vulnera la legislación nacional e internacional, sino que también compromete la conservación de ecosistemas frágiles.
La respuesta institucional busca reforzar controles y sanciones, pero la presión de coleccionistas y mercados internacionales sigue siendo un desafío para la protección de la biodiversidad.



