Un nuevo informe titulado Temporadas de las Aguas: El Desafío Creciente de las Lluvias Extremas, elaborado por el programa Maré de Ciência de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp) junto a la Alianza Brasileña por la Cultura Oceánica, reveló que entre 2020 y 2023 Brasil enfrentó 7.539 desastres climáticos asociados a lluvias intensas, cifra que representa un aumento del 222,8 % respecto a la década de 1990, cuando se registraron 2.335 episodios.
Los eventos incluyen torrentes, inundaciones, tormentas y deslizamientos de tierra cada vez más frecuentes y devastadores. El análisis se basa en datos del Sistema Integrado de Información sobre Desastres (S2ID) y cubre un período de 32 años (1991–2023), con un total acumulado de 26.767 eventos extremos.
Cuatro de cada cinco municipios, afectados por eventos extremos
Según el informe, 4.645 ciudades brasileñas (83 % del total) ya han sido alcanzadas por al menos un desastre climático por precipitaciones. En los años 90, solo el 27 % había experimentado este tipo de eventos.
- 64 % de los desastres fueron de naturaleza hidrológica, con predominancia de torrentes (55 %) e inundaciones (35 %)
- 31 % fueron meteorológicos, siendo las tormentas el fenómeno dominante
- Solo el 5 % fueron geológicos, en su mayoría deslizamientos
Los investigadores alertan que, en muchos casos, los efectos incluyen pérdidas materiales, interrupción de servicios, desplazamiento de personas y deterioro de la salud mental colectiva, cuyos impactos a largo plazo no siempre son cuantificables.

El cambio en el régimen de lluvias, ya en curso
El informe corrobora proyecciones previas del Panel Brasileño de Cambio Climático (PBMC), que anticipan para finales de siglo:
- Aumento del 30 % en las precipitaciones en las regiones Sur y Sudeste
- Reducción de hasta un 40 % en el Norte y Nordeste
“Ya vemos estos patrones alterados: eventos catastróficos en lugares donde antes no ocurrían, y sequías más profundas en zonas históricamente áridas”, explicó Ronaldo Christofoletti, investigador líder del estudio. También señaló que fenómenos como las lluvias extremas en Río Grande do Sul o la desertificación del sertão nordestino son manifestaciones de esta transformación.
Hacia estrategias de adaptación urbana y territorial contra desastres climáticos
Desde la Fundación Grupo Boticário, la especialista Juliana Baladelli Ribeiro destacó la urgencia de incorporar soluciones basadas en la naturaleza como infraestructura urbana:
- Jardines de lluvia
- Parques inundables
- Lagunas artificiales multifuncionales
Estas soluciones no solo regulan el escurrimiento hídrico, sino que aportan bienestar térmico, recreación y biodiversidad, como ocurre con el Parque Barigui en Curitiba.
Juliana remarcó que si bien no son una “bala de plata”, constituyen herramientas de alta eficacia frente al cambio climático y son aplicables a múltiples escalas urbanas.
Desigualdad hídrica, migraciones forzadas y nuevos umbrales
La Agencia Nacional de Aguas y Saneamiento Básico (ANA) también prevé una caída superior al 40 % en la disponibilidad de recursos hídricos en gran parte de Brasil hasta 2040. Esta situación, sumada a la recurrencia de desastres, podría detonar nuevas olas migratorias internas.
“El aumento de los refugiados climáticos será inevitable si no se actúa. Hablamos de familias que ya no podrán sostener su vida ni producción agrícola en sus territorios”, advirtió Christofoletti.
El informe concluye que Brasil necesita una estrategia climática integral, que aborde desde la protección de la biodiversidad hasta la seguridad hídrica urbana, entendiendo que la crisis no está circunscripta a biomas aislados, sino vinculada a dinámicas globales como el deshielo polar y la alteración de los frentes fríos.



