El Coihue centenario y la conservación en la Patagonia: una mirada ocho años después

A ocho años de la intervención en el Coihue centenario de Villa La Angostura, recordamos a este emblema de la longevidad de los ecosistemas y conservación de la Patagonia, cómo los desafíos ambientales que enfrentamos en nuestro país.

El bosque andino-patagónico perdió uno de sus árboles más antiguos cuando el Coihue de Villa La Angostura fue sometido a una intervención en 2017. Con más de 400 años de historia, este árbol había sido testigo del paso del tiempo, de los cambios en el paisaje y de la evolución de la interacción humana con la naturaleza. La intervención, justificada por razones de seguridad, dejó un vacío físico, cultural y simbólico.

Nothofagus dombeyi

El coihue (Nothofagus dombeyi) es un árbol perenne de hasta 40 metros de altura y 2,5 m de diámetro, nativo de los bosques de Chile y Argentina. Su corteza es gris oscura con grietas verticales y sus hojas lanceoladas. Se distribuye desde la Región del Libertador General Bernardo O’Higgins en Chile hasta las provincias argentinas de Neuquén, Río Negro y Chubut. Su madera es particularmente resistente a la humedad, y sus hojas tienen propiedades medicinales, como actividad febrífuga y antiinflamatoria.

Conservación de la Patagonia
Conservación de la Patagonia

Un símbolo de la Patagonia

Este Coihue centenario se había convertido en un referente para los visitantes y habitantes de la región. Su tamaño, su longevidad y su imponente presencia lo hacían destacar en el bosque, convirtiéndolo en un recordatorio tangible del tiempo geológico y de la importancia de los ecosistemas nativos.

Sin embargo, su valor va más allá de lo estético o lo sentimental. Su función en el ecosistema es fundamental: estos árboles regulan el clima local, almacenan grandes cantidades de carbono y proveen hábitat para innumerables especies. La intervención en este Coihue, aunque basada en una evaluación de riesgo, nos invita a cuestionarnos cómo definimos lo que es peligroso y qué medidas alternativas existen para la convivencia con la naturaleza sin recurrir a la eliminación de organismos tan valiosos.

¿Seguridad o falta de planificación ambiental?

La justificación oficial para la intervención fue que el árbol representaba un peligro inminente para la seguridad de la población. No obstante, este argumento plantea una cuestión más profunda: la falta de planificación ambiental a largo plazo. ¿Por qué un ejemplar de esta magnitud se encontraba en una situación de riesgo? ¿Hubo estrategias previas para mitigar el peligro sin llegar a la intervención?

En este caso, el procedimiento con el que se llevó adelante la intervención también generó controversia. El propietario del terreno no fue consultado y la comunidad local expresó su descontento ante la pérdida de un emblema natural. Estas situaciones evidencian una desconexión entre las decisiones gubernamentales y la percepción social del valor ambiental.

La Patagonia y el futuro de sus árboles centenarios

La intervención en este Coihue resalta la urgente necesidad de incorporar la conservación de la Patagonia y los ecosistemas en las políticas de desarrollo urbano. En la Patagonia, aún existen árboles centenarios, pero su futuro está condicionado a un cambio de perspectiva. Si siguen siendo vistos como amenazas o impedimentos, la pérdida de estos árboles será inevitable. Es esencial adoptar medidas concretas para garantizar la protección de aquellos que aún permanecen.

¿Y hoy qué pasa?

En la actualidad, el enfoque sobre el ambiente en Argentina y la conservación de la Patagonia, parece estar perdiendo terreno frente a políticas que priorizan otras áreas de gestión. A nivel gubernamental, las decisiones sobre la protección de los ecosistemas nativos, como los bosques patagónicos, no siempre están alineadas con los principios de sustentabilidad y conservación a largo plazo.

Hoy, la protección del ambiente se enfrenta a la contradicción de políticas que, aunque aceptan el daño ambiental, no siempre implementan las estrategias necesarias para evitarlo de manera efectiva. Este vacío de acciones a largo plazo resalta la importancia de repensar cómo integrar la conservación en las políticas públicas para garantizar la protección de los árboles y bosques centenarios que siguen siendo esenciales para nuestro ecosistema.

Por: Ivana Kordi Oszlak

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