Tras un breve periodo de neutralidad climática, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y diversos centros de monitoreo internacional han confirmado que el fenómeno de El Niño está de regreso en este 2026.
Los modelos predictivos sugieren que esta fase cálida del ENOS (El Niño-Oscilación del Sur) podría alcanzar una intensidad considerable, lo que encendería las alarmas sobre un nuevo récord de temperaturas globales.
El calentamiento del Océano Pacífico
El motor de este fenómeno es el aumento anómalo de la temperatura de la superficie del mar en el Océano Pacífico ecuatorial central y oriental.
Este calentamiento altera los patrones de circulación atmosférica a escala planetaria, debilitando los vientos alisios y desplazando las zonas de precipitación habituales.
Los meteorólogos advierten que la combinación del calentamiento antropogénico (causado por la actividad humana) y la liberación de calor oceánico propia de El Niño crea un «efecto acumulativo».
Esto aumenta la probabilidad de que el año 2026 o el 2027 superen el umbral de los 1,5 °C de calentamiento respecto a los niveles preindustriales establecidos en el Acuerdo de París.
Impactos globales previstos
La reaparición de El Niño no afecta a todas las regiones por igual, pero sus consecuencias suelen ser extremas:
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América del Sur: Se prevén lluvias torrenciales e inundaciones en las zonas costeras de Perú y Ecuador, así como un aumento de las precipitaciones en el centro-este de Argentina y el sur de Brasil.
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Australia y el Sudeste Asiático: Históricamente, estas regiones enfrentan graves sequías y un incremento en el riesgo de incendios forestales devastadores.
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África: Zonas del este del continente podrían sufrir inundaciones, mientras que el sur enfrentaría una escasez de agua que afectaría la seguridad alimentaria.
Consecuencias en el clima extremo
El regreso de este fenómeno con fuerza implica un cambio en la dinámica de los eventos extremos. Se espera una alteración en la temporada de huracanes: mientras que en el Atlántico la actividad suele reducirse debido a la cizalladura del viento, en el Pacífico la formación de ciclones tropicales tiende a ser más frecuente e intensa.
Además, el calor adicional inyectado a la atmósfera acelera el deshielo de los glaciares y contribuye a la expansión térmica de los océanos, elevando el nivel del mar.
Vigilancia y preparación
Los expertos subrayan que, aunque no podemos detener a El Niño, la mejora en los sistemas de alerta temprana es fundamental para mitigar los daños económicos y humanos.
La comunidad científica continúa analizando si el cambio climático está provocando que estos eventos sean más frecuentes o severos, transformando lo que antes era un ciclo natural en una amenaza constante para la estabilidad climática del planeta.





