Italia asestó un golpe significativo al comercio ilegal de residuos textiles en el marco de la operación internacional JCO Demeter XI, impulsada por la Organización Mundial de Aduanas. En total, se interceptaron 1.176 toneladas de desechos textiles en 25 países.
De ese volumen, más de 900 toneladas correspondieron a territorio italiano. La Guardia di Finanza incautó principalmente tejidos exportados de forma fraudulenta como ropa usada.
En Italia se bloquearon 1.030 toneladas, de las cuales unas 905 eran residuos clasificados falsamente como prendas de segunda mano. Así, se evitó su envío hacia destinos habituales como Tailandia, Pakistán y Túnez.
Los cargamentos fueron detectados en puertos estratégicos como Génova, Livorno y Venecia. Además, se rastrearon expediciones procedentes de polos textiles como Prato y Milán.

El vacío legal y la expansión de la moda rápida
La operación contó con la participación de 120 administraciones aduaneras y priorizó por primera vez en once años los residuos textiles. Este enfoque refleja la creciente preocupación por el impacto de la moda rápida.
La Organización Mundial de Aduanas advirtió sobre la falta de criterios claros para diferenciar textiles usados de residuos. En consecuencia, la confusión normativa facilita el comercio ilícito.
Los fardos de ropa, grandes paquetes prensados para su transporte, permiten mezclar prendas reutilizables con desechos inservibles. Como su contenido no es visible sin abrirlos, el fraude se vuelve más sencillo.
Además, la expansión de la producción masiva de prendas de bajo costo supera la capacidad de la economía circular. Por lo tanto, el sistema genera excedentes que terminan exportados o descartados.
La contaminación generada por los desechos textiles
El impacto ambiental de los residuos textiles es profundo y persistente. Cuando no se reciclan adecuadamente, las prendas terminan en vertederos o son incineradas, liberando gases contaminantes.
Muchos textiles contienen fibras sintéticas derivadas del petróleo. Al degradarse, liberan microplásticos que contaminan suelos y cursos de agua.
En países del Sur Global que importan ropa usada, grandes volúmenes de prendas inservibles se acumulan o se queman al aire libre. Esto provoca contaminación atmosférica y riesgos sanitarios.
Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, en 2022 la Unión Europea generó 6,94 millones de toneladas de residuos textiles. Sin embargo, solo el 15% fue reciclado.
Además, cada ciudadano europeo adquiere en promedio 19 kilos de ropa al año. Aunque desde enero de 2025 se exige recogida separada de textiles, el aumento en la recolección podría incrementar las exportaciones.

Un desafío global que trasciende fronteras
La operación global permitió confiscar 15.509 toneladas de residuos, incluidos gases nocivos para la capa de ozono y miles de productos químicos peligrosos. Esto demuestra la magnitud del comercio ilícito.
Italia se posiciona así como un actor clave en la lucha contra el tráfico de desechos. Sin embargo, el problema exige coordinación internacional y reformas regulatorias.
En definitiva, el auge del comercio irregular de textiles evidencia una crisis estructural. Mientras el consumo crece, la gestión sostenible de los residuos sigue siendo una deuda pendiente para la economía global.



