La 30.ª Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP30) presentó oficialmente al curupira, personaje emblemático del folclore brasileño, como símbolo e identidad visual del evento que se celebrará del 10 al 21 de noviembre en Belém, estado de Pará, en el corazón de la Amazonía.
La decisión refuerza el mensaje político y cultural de la cumbre: los bosques serán eje central de los debates multilaterales en el décimo aniversario del Acuerdo de París.
Curupira: entre mitología indígena y diplomacia verde
Representado como un niño con cabellos de fuego y pies invertidos, el curupira es tradicionalmente considerado el guardián de los bosques, protector de los animales y símbolo de la resistencia frente a la caza y la destrucción ambiental.
Su nombre proviene del tupí-guaraní —“curumim” (niño) y “pira” (cuerpo)— y ha estado presente en la cultura amazónica desde tiempos coloniales. La primera mención registrada data de 1560, en escritos del jesuita José de Anchieta.
Según la organización de la COP30, la figura fue elegida por su capacidad para conectar la protección de la naturaleza con la cultura ancestral y la espiritualidad territorial. Refleja el compromiso de Brasil de liderar una diplomacia climática con raíces amazónicas.
“Una ventana que se cierra rápidamente”: bosques y urgencia climática
En una carta dirigida a la comunidad internacional, el presidente designado de la COP30, el diplomático André Corrêa do Lago, afirmó que los bosques tendrán un rol protagónico en la cumbre. “Los bosques pueden hacernos ganar tiempo en la acción climática durante una ventana de oportunidad que se está cerrando rápidamente”, expresó.
El diplomático llamó a escuchar la ciencia y reconocer el papel fundamental de las comunidades que viven, conservan y dependen de los ecosistemas forestales, especialmente en un contexto donde las emisiones globales siguen creciendo.
Un símbolo que interpela a la narrativa global
Más allá de su estética mítica, el curupira fue adoptado como recurso narrativo para disputar el imaginario climático desde el Sur Global. Su uso transmite un mensaje de resistencia y sabiduría indígena, y propone una visión que articula identidad cultural, justicia ambiental y legado intergeneracional.
La cumbre de Belém será una oportunidad sin precedentes para visibilizar el rol estratégico de la Amazonía en el balance climático del planeta. También para avanzar en compromisos efectivos que reconozcan la centralidad de los bosques como activos vivos y no como reservas por explotar.



