La campaña “Gran Muralla Verde” de China es uno de los proyectos de reforestación más ambiciosos del planeta.
Iniciada en la década de 1970, ha logrado recuperar más de 90 millones de hectáreas en el árido norte del país, con el objetivo de frenar la expansión de los desiertos provocada por la agricultura intensiva, el pastoreo, la minería y, más recientemente, el cambio climático.
Un proyecto de escala continental
El programa ha transformado regiones como el desierto de Kubuqi, en Mongolia Interior, donde se plantó el equivalente a 840.000 campos de fútbol. Según un informe de la ONU (2015), la iniciativa generó decenas de miles de empleos y contribuyó a aliviar la pobreza.
El presidente Xi Jinping ha promocionado el proyecto en foros internacionales y se comprometió a aumentar la cobertura forestal como parte de los objetivos climáticos de China.
Entre 2016 y 2050, el país planea plantar otros 70 millones de hectáreas, una superficie equivalente a la de Francia continental.
Impactos sociales: tensiones con comunidades mongolas
No todo son beneficios. Para comunidades de etnia mongola, que representan el 17% de la población de Mongolia Interior, el programa ha significado restricciones al pastoreo y la pérdida de prácticas culturales tradicionales.
- Los rebaños de cientos de ovejas se redujeron a unas pocas decenas, confinadas en corrales.
- El nomadismo tradicional prácticamente desapareció en la última década.
- Activistas denuncian desplazamientos forzados y pérdida de conexión con la tierra.
El activista Enghebatu Togochog, exiliado en Estados Unidos, afirmó que los pastores “están pagando el precio de reparar la degradación del hábitat, a pesar de que ellos no lo causaron”.

Críticas científicas: ¿reforestar a cualquier costo?
Investigadores chinos reconocieron en 2017 que el efecto del pastoreo en la desertificación pudo haberse sobreestimado, señalando que la minería, la agricultura intensiva y el cambio climático son factores más determinantes.
Expertos advierten que:
- El uso de especies no autóctonas o de alto consumo de agua puede agotar acuíferos y degradar aún más el suelo.
- Los desiertos cumplen funciones ecológicas clave, como la conservación del agua y la biodiversidad, por lo que no siempre es necesario convertirlos en bosques.
Balance: entre la restauración y la transformación social
La Gran Muralla Verde es un proyecto que combina éxitos ambientales y económicos con controversias sociales y culturales. Ha contribuido a:
- Mitigar la desertificación y el cambio climático.
- Generar empleo y nuevas oportunidades económicas.
- Aumentar la cobertura vegetal y mejorar ecosistemas degradados.
Pero también ha generado:
- Conflictos con comunidades locales.
- Pérdida de prácticas tradicionales de pastoreo.
- Riesgos ecológicos por el uso de especies inadecuadas.
Un futuro en construcción
El desierto de Taklamakan, el más grande de China, ya está rodeado de vegetación. Sin embargo, el desafío es lograr que la reforestación sea sostenible, respetando tanto la ecología de los desiertos como los derechos culturales de las comunidades locales.
La Gran Muralla Verde es, en definitiva, un laboratorio a escala planetaria sobre cómo enfrentar la desertificación y el cambio climático, pero también un recordatorio de que la restauración ecológica debe equilibrar naturaleza, economía y cultura.



