El último y más reciente intento por lograr en Ginebra un tratado contra contaminación por plásticos concluyó sin acuerdo.
El fracaso se debió a la fuerte presión ejercida por la industria petroquímica y a la falta de consenso entre los países participantes.
Ante esto, las organizaciones ambientalistas y una gran cantidad de sectores de la sociedad civil reclaman una reducción de la producción.
Contaminación por plásticos y un tratado que no se logró: el reclamo de las organizaciones
Julio Barea, responsable de residuos de Greenpeace, explicó al medio Aristeguinoticias que el objetivo central de la cumbre era alcanzar un pacto internacional que redujera la contaminación global por plásticos.

Sin embargo, apuntó a que el lobby de la industria petroquímica, apoyada por algunos gobiernos, frenaron la posibilidad de avanzar en un texto consensuado.
Barea destacó que, aunque el resultado fue negativo, también dejó un mensaje claro desde la sociedad civil: “Es mejor no tener un tratado, que tener un mal tratado”. Las organizaciones ambientalistas remarcan que no aceptarán un acuerdo débil que no limite la producción de plásticos.
El impacto del plástico en la salud y el ambiente
El especialista advirtió que la contaminación por plásticos no solo afecta a los ecosistemas, sino también a la salud humana. De acuerdo con estudios recientes, cada persona podría estar ingiriendo alrededor de cinco gramos de microplásticos por semana a través del aire, el agua y los alimentos. Esto equivale a casi un cuarto de kilo de plástico por año en el organismo.
Además, Barea subrayó que las sustancias químicas asociadas a estos pueden tener efectos desconocidos y potencialmente nocivos para la salud, lo que agrava la emergencia ambiental.
La exigencia de reducir los plásticos de un solo uso
En la cumbre, Greenpeace junto con pueblos indígenas, países y organizaciones civiles, reclamaron una reducción significativa en la producción de plásticos de un solo uso. La propuesta fue disminuir en un 75% la fabricación de plásticos de usar y tirar para 2040, considerando que representan la mayoría de los residuos.
Sin embargo, uno de los principales obstáculos fue la negativa de la industria petroquímica, que se resiste a disminuir la producción. Barea explicó que, ante la caída de la demanda de petróleo por la transición hacia energías renovables, la fabricación de plásticos se ha convertido en el negocio más rentable del sector.
Lobby empresarial y falta de consenso
El encuentro en Ginebra contó con la participación de 200 a 300 delegados vinculados a la industria petroquímica, un número superior a la representación conjunta de los países de la Unión Europea. Este desequilibrio, según apuntó Barea, influyó de manera decisiva en el resultado final.

Por esta razón, desde Greenpeace proponen modificar la metodología de negociación de los tratados internacionales. Actualmente, basta con que un solo país rechace la propuesta para que el acuerdo fracase.
Las organizaciones ambientalistas reclaman que las decisiones puedan aprobarse por mayoría y sin la intervención directa de los grupos de presión de la industria.



