Científicos del Conicet, junto al Schmidt Ocean Institute, exploraron recientemente las profundidades del cañón submarino de Mar del Plata. A casi 4.000 metros bajo el mar identificaron más de 200 especies, muchas nunca vistas antes en su ambiente natural. Peces bioluminiscentes, calamares gigantes y esponjas carnívoras fueron parte de un hallazgo que despertó asombro en todo el mundo, dejando atrás, al menos por un momento, la crisis ambiental.
Ese universo marino invita a una pregunta inevitable: ¿qué ocurriría se realizará una expedición similar en los ríos argentinos? Aunque no tienen la misma profundidad, sus fondos también guardan secretos, muchos de ellos vinculados al impacto humano.
Los ríos de Entre Ríos, como el Gualeguaychú o el Uruguay, atraviesan una situación delicada. La contaminación, los desechos cloacales, el arrastre de agroquímicos y los residuos urbanos deterioraron gravemente su ecosistema. Floraciones de algas tóxicas y mortandad de peces son señales visibles de un problema profundo.
Además, los fondos fluviales están alterados. La construcción de infraestructuras, los dragados y la actividad agrícola modificaron el lecho natural. Estos cambios afectan tanto a las especies que habitan allí como a los procesos de filtrado y oxigenación del agua, generando un desequilibrio que se extiende a todo el ecosistema.

Un paso a paso hacia la recuperación
Para comenzar a revertir la crisis ambiental, se necesita un compromiso claro:
- Reducir la contaminación: controlar los efluentes cloacales, limitar el uso de agroquímicos y mejorar la gestión de residuos sólidos.
- Proteger la biodiversidad: establecer vedas y límites de pesca respetando los períodos de reproducción.
- Recuperar humedales y áreas ribereñas: son filtros naturales que retienen contaminantes y regulan caudales.
- Monitorear los fondos fluviales: utilizar tecnologías como ultrasonido para conocer las especies y materiales presentes.
- Concientizar a la comunidad: educar sobre el valor de los ríos como fuente de vida y no solo como recurso económico.
Más que agua: un ecosistema en riesgo
Explorar el fondo de los ríos no solo implica descubrir especies ocultas, sino también reconocer los efectos de la acción humana. Lo que hoy se encuentra allí es, en gran medida, un reflejo de las prácticas productivas y urbanas.
La recuperación de la crisis ambiental es posible, pero requiere voluntad política, compromiso social y un cambio en la forma de relacionarse con el agua. Conservar la vida en los fondos fluviales es asegurar la salud de todo el ecosistema y garantizar un futuro sostenible para las comunidades que dependen de ellos.

¿Qué esconden realmente los fondos de los ríos?
En el fondo de los ríos conviven restos de materia orgánica, especies bentónicas y organismos filtradores que cumplen funciones esenciales. Sin embargo, estos ambientes están saturados de contaminantes. Bolsas plásticas, metales pesados y agroquímicos reemplazan la biodiversidad que debería predominar.
La falta de retención hídrica en las ciudades también tiene un efecto nocivo. El agua de lluvia corre rápidamente hacia los ríos a través de desagües, arrastrando contaminantes urbanos. Esto provoca cambios drásticos en el caudal y en la calidad del agua. El fondo, en vez de ser un refugio de vida, se convierte en depósito de desechos.
Si se retrocede un siglo, el panorama era muy distinto. Los fondos albergaban una riqueza de especies que sostenía el equilibrio de la cuenca. Actualmente, la sobrepesca de especies clave como el sábalo y la reducción de su tamaño poblacional evidencian un deterioro profundo. El equilibrio del ecosistema se rompe cuando desaparecen los organismos que sirven de base alimentaria para otros peces como el dorado, el pacú o el surubí.



