El Glaciar Agua Negra, uno de los más emblemáticos de la provincia de San Juan, atraviesa un proceso de deterioro acelerado que preocupa a la comunidad científica. Según el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA), entre 2014 y 2024 el glaciar perdió cerca de 9 metros de agua equivalente, un retroceso que refleja la fragilidad de los ecosistemas de alta montaña.
Este hallazgo es particularmente relevante para la provincia, cuyo sistema hídrico depende en gran medida del aporte de nieve y glaciares. La disminución en el espesor del Agua Negra no solo significa un cambio paisajístico, sino un riesgo directo para la seguridad hídrica de la población y para la sostenibilidad de la agricultura local.
El glaciar se encuentra bajo monitoreo anual desde 2013 en el marco de la Ley Nacional de Glaciares. Ubicado estratégicamente cerca del paso internacional hacia La Serena, Chile, constituye un referente en el estudio del retroceso glaciar en los Andes Desérticos. Su pérdida de masa es un indicador de lo que podría ocurrir en otras zonas cordilleranas de la región.
A comienzos de 2025, un informe ya había alertado que este glaciar había perdido un 14% de su masa en la última década. Los nuevos datos confirman la continuidad de esta tendencia, que amenaza con profundizarse si las temperaturas globales siguen en aumento.

Las causas del deshielo acelerado
El retroceso del Agua Negra y de otros glaciares andinos responde principalmente al cambio climático. El incremento sostenido de las temperaturas medias acelera el derretimiento de los hielos, incluso en ecosistemas de alta montaña que históricamente se mantenían estables.
Otro factor clave es la variabilidad en las precipitaciones. La reducción de las nevadas y la modificación en los patrones de lluvia generan un menor aporte de nieve al glaciar, lo que impide que recupere el volumen perdido durante los veranos cálidos. Esta falta de equilibrio en el balance de masa debilita progresivamente su estructura.
También influye la contaminación atmosférica, especialmente por partículas de hollín y polvo que oscurecen la superficie del hielo. Este fenómeno reduce su capacidad de reflejar la radiación solar y acelera el derretimiento. En zonas de cordillera próximas a rutas y actividades mineras, este impacto se multiplica.
El resultado de estas presiones es un deterioro progresivo que afecta no solo al glaciar como cuerpo de hielo, sino a toda la cuenca hídrica asociada. La pérdida de glaciares compromete la disponibilidad de agua para riego, consumo humano y generación hidroeléctrica, y además altera ecosistemas únicos del ambiente periglacial.

Glaciar Agua Negra: un patrimonio natural en riesgo
El Agua Negra es considerado un glaciar de referencia dentro del Inventario Nacional de Glaciares. En 2013 ocupaba un área de poco más de un kilómetro cuadrado, con un largo de 2 kilómetros y altitudes que superan los 5.200 metros. Su orientación y condiciones lo convierten en un observatorio natural de gran valor científico.
El retroceso observado se suma a un pronóstico inquietante: si las tendencias actuales continúan, los glaciares de la región podrían perder hasta un 80% de su masa hacia 2100. Este escenario implicaría consecuencias irreversibles para las poblaciones que dependen del agua de deshielo.
En un contexto en el que Naciones Unidas declaró 2025 como el Año Internacional de la Conservación de los Glaciares, la situación del Agua Negra refuerza la urgencia de tomar medidas de mitigación. Preservar estos gigantes de hielo significa garantizar agua, biodiversidad y equilibrio ambiental para las generaciones futuras.



